Jesús, el amigo de los pecadores

Philipp Ottenburg

Podemos ver en el relato de la destrucción de Sodoma y Gomorra, en Génesis 18 y 19, el justo juicio de Dios. Un anticipo de lo que le espera a la Tierra, primero en la gran tribulación, y luego, al final del reino milenial. Sin embargo, también observamos en estos dos capítulos algo de la indescriptible gracia del Señor.

Nuestro Señor no toleraba de ninguna manera el estilo de vida de los de Sodoma y Gomorra, por lo que los destruyó por medio de un juicio. A pesar de esto, en lo que respecta a Jesucristo, sabemos bien que no vino a este mundo por los sanos, sino por los enfermos. Por ejemplo, Él era amigo de los publicanos, y tuvo como objetivo salvar a los pecadores, cargando sobre sí su juicio. Esta gracia puede vislumbrarse incluso en la terrible historia de Sodoma y Gomorra.

Aunque “el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ello se [había] agravado en extremo […]”, nuestro Señor demostró una gran paciencia: “[…] descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí, y si no, lo sabré” (Gn. 18:20-21).

Sin duda alguna, Juan y Jacob, “los hijos del trueno”, habrían optado porque de inmediato cayera fuego del cielo sobre estas ciudades, pero contrario a esto, nuestro Señor es misericordioso y paciente. Primero, quería comprobar la depravación total de Sodoma y Gomorra –una imagen de la justicia de Dios, quien, por supuesto, lo sabe todo–. Él no hace llover fuego basado en rumores o noticias falsas, sino que se asegura de la veracidad del caso, viendo la situación de manera objetiva. Esta es una figura de su paciencia y justicia.

La misma paciencia la tiene contigo y conmigo. Si todavía nos dejamos absorber por las cosas del mundo que no nos edifican, aún estamos a tiempo para confesarlo y dejarlo. Lot fue salvado del juicio y tuvo la oportunidad de comenzar una vida nueva en el monte, adonde había huido desde Sodoma. Sin embargo, no la aprovechó. Nosotros en Jesucristo tenemos cada día la oportunidad de comenzar de nuevo y recibir el perdón por todos nuestros pecados. ¡Qué maravilloso regalo!

Dios está esperando y retrasando Su juicio con el fin de que los pecadores se arrepientan. Él se dispuso a cumplir el deseo de Abraham, quien intercedió por los sodomitas –y no estaba dispuesto a destruir la ciudad si tan solo hubiese encontrado a diez justos en ella–. Y cuando el juicio era inevitable, mandó a dos ángeles a salvar por lo menos a Lot y a su familia, en donde ni siquiera había diez personas justas.

Romanos 5:20 nos dice que “cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia”. Primera de Pedro 3:18 nos enseña que el justo murió por los injustos –esto incluye a los habitantes malvados de Sodoma y Gomorra–. Hoy Jesucristo sigue siendo amigo de los pecadores. Por medio de la fe en él y la confianza en la obra de salvación que llevó a cabo en el Gólgota, aun el peor de los pecadores es salvo.

Primera de Pedro 2:24 dice: “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”.

Abraham intercedió, y como consecuencia, Lot y su familia fueron salvos. También Jesucristo, quien murió en la cruz para que muchos vivan, hoy intercede por los suyos ante el Padre. Winston Churchill dijo, luego de la Segunda Guerra Mundial: “nunca en la historia de los conflictos humanos, tantos debieron tanto a tan pocos”. Lot y su familia eran pocos, pero le debían a Abraham su salvación. Nosotros, por nuestra parte, pertenecemos a los millones de salvos que deben su vida eterna a uno solo: Jesucristo.

Un pensamiento más con respecto a Sodoma: era un día normal. Los habitantes vivían su rutina diaria. Comían y bebían, compraban, vendían, plantaban y edificaban, y de repente, comenzó a llover fuego desde el cielo (Lucas 17:28-29). Esta es una advertencia para nosotros y nuestro mundo actual. No sabemos cuánto tiempo tenemos hasta que el Señor venga. Es por esto que el llamado de Isaías 55:6-7 resulta tan importante, tanto que debería marcar y transformar nuestro estilo de vida: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”.

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