Jerusalema

Norbert Lieth

Desde 2020 el mundo ha sido dominado por un virus. Esta situación hundió a los pueblos en una gran depresión, miedo, inseguridad, soledad y todo tipo de restricciones. Crecieron las preocupaciones por las pérdidas materiales, muchos han ido a la quiebra y ha aumentado la tasa de suicidios. Las fronteras territoriales se cerraron y el tráfico aéreo se vio por momentos paralizado.

En medio de estos tiempos de angustia irrumpió una canción. Como venida del cielo, cruzó todas las fronteras y “voló” hasta los lugares más remotos de la tierra, dominando el escenario mundial durante muchos meses. Se impregnó en todos los ámbitos de la vida y nos levantó el ánimo. Se podía ver tanto a policías, al personal de un hospital, a empleados de las aerolíneas aéreas, a las monjas, a las iglesias, a los militares y a la gente en la calle, bailando al son de la melodía. Parecía que de algún modo permitía a las personas respirar aliviado, al menos por un tiempo.

La canción se llama Jerusalema. El autor de este hit es Moagi, un cristiano sudafricano. En una entrevista dijo que a través de su canción rogaba por la protección y la guía de Dios. El título canta a Jerusalén como la ciudad favorita de Dios.

Jerusalén es el lugar donde se ha revelado el Eterno. En Jerusalén, Jesucristo llevó a cabo la redención del mundo. Representa la morada de Dios entre los hombres, es decir, Su presencia. En Jerusalén estaba “la casa de mi Padre”, como subrayó Jesús en Juan 2:16. El Señor también llamó a Jerusalén “la ciudad del gran Rey” (Mateo 5:35). La Biblia nos anuncia una Nueva Jerusalén venidera, que un día gobernará sobre todas las naciones. Apocalipsis 22:18 la describe como la “santa ciudad”. Jerusalén representa el pasado, el presente y el futuro; señala la presencia de Dios, Su fidelidad y el cumplimiento de Sus promesas –no en vano su nombre significa “fundamento de paz”–. La actual ciudad de Jerusalén es una imagen de la Jerusalén celestial y eterna, la morada de Dios.

Por lo tanto, el texto en el idioma zulú alude al Eterno:

Jerusalén, mi casa paterna. 
Sálvame. 
Acompáñame. 
No me dejes aquí. 
Mi lugar no es aquí. 
Mi reino no es aquí. 
Sálvame. 
Ven conmigo.

No haré aquí ningún análisis bíblico al respecto, sino que me enfocaré en algo que llamó mi atención: ¿cómo una canción con este título ha podido fascinar a gran parte del mundo, convirtiéndose en un estímulo para muchos? Esto habla por sí mismo. Jerusalén, la ciudad odiada, la que pretenden disputar a los judíos y por cuya existencia tantos se enfadan. Jerusalén, que se politiza y se pone en tela de juicio, que despierta tantas discusiones, ahora es un éxito mundial que se canta por todo el mundo. Para muchos ha sido un bálsamo para el alma y ha contribuido a aliviar el sufrimiento en estos tiempos difíciles. Dios permite estas cosas para que a través de Jerusalén las personas se acuerden de Él.

Vino a mi mente el pasaje de Hechos 14:15-17, cuando Pablo y Bernabé proclaman en Iconio: “…que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay. En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos; si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones”.

Jerusalén aún tendrá que soportar tiempos difíciles en el futuro, sin embargo, se acerca el día en que Jesús regresará triunfante y esta ciudad se convertirá en Su residencia (Mateo 25:31). Se acerca el día de la Nueva Jerusalén, donde incluso las naciones que hoy son enemigas de Israel se unirán a la celebración.

Salmos 42:4 dice: “Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; de cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta”.

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