Israel es diferente

Fredi Winkler

Creo que no hay otro país en el mundo en donde tantos acontecimientos se agolpen en un período tan corto de tiempo como en Israel. Vienen a mi mente los disturbios en Jerusalén a finales del mes de ramadán, los posteriores ataques con cohetes contra Israel desde Gaza, que provocaron una guerra de once días, dejando, al igual que en los conflictos anteriores, tan solo destrucción. Sin embargo, el movimiento Hamás lo festejó como una victoria –una triste ironía–.

Al mismo tiempo comenzaron los disturbios en las ciudades israelíes con población mixta árabe-judía. Hubo muertos y heridos. Mientras tanto, en lo político, se seguía en la búsqueda de un Gobierno alternativo que reemplazara al de Netanyahu.

Después de todos los enfrentamientos entre musulmanes y judíos, formar una coalición de Gobierno con un partido musulmán parecía imposible. Sin embargo, el joven partido islámico Ra’am, que bajo el liderazgo de Mansour Abbas había obtenido cuatro escaños, seguía, para la sorpresa de todos, dispuesto a unirse al nuevo mando. Las enormes dificultades surgidas en el seno de la población árabe israelí, convencieron a los políticos árabes de que la solución a sus profundos problemas –como la delincuencia, los asesinatos y muchos otros– solo sería posible con la ayuda del Estado. Es así que entendieron que la cooperación activa en el Gobierno israelí es, por supuesto, el mejor camino.

Hasta el momento, los enormes problemas surgidos en la población árabe, como la construcción ilegal, incluso de pueblos enteros en la zona del Néguev, habían sido aplazados. Contrario a esto, ahora se busca encontrar una solución. El Estado tendrá un gasto de miles de millones, algo que la extrema derecha del Gobierno de Netanyahu quiso evitar.

En medio de aquellas semanas turbulentas se eligió también a un nuevo presidente en Israel. Dos candidatos se postularon a las elecciones. Una mujer viuda y madre de dos hijos muertos en la guerra se presentó por primera vez. A pesar de su tragedia personal, Miriam Peretz sorprendió con su postura positiva y popular. Aunque no pertenece a la clase política, goza de mucho prestigio en Israel. El segundo candidato fue Isaac Herzog, hijo del sexto presidente de Israel, Jaim Herzog. Al principio, muchos creían que Peretz ganaría, sin embargo, Herzog fue elegido con 87 votos, un récord para un presidente israelí.

En la medianoche de ese mismo día expiraba el plazo para la formación de un nuevo Gobierno. Poco antes de la medianoche, Yair Lapid, líder del partido más grande de la nueva coalición, notificó al presidente que lo habían logrado. Ahora, él y sus siete socios de la coalición, disponían de dos semanas para organizar el Gobierno en detalle, presentarlo al Knéset, y jurar sus cargos.

Yair Lapid abrió el camino con su renuncia, dando prioridad a Naftali Bennet como primer ministro durante los dos primeros años. Qué bueno sería si este ejemplo de renuncia por el bien de todos fuera el principio rector de este Gobierno.

Sin embargo, somos conscientes de que el verdadero éxito en toda decisión política depende de la bendición de Dios.

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