Israel a unirse a una coalición

Fredi Winkler

Después de tres elecciones que resultaron en empate entre los sectores políticos, la crisis sanitaria obligó a Israel a unirse a una coalición. Los socios decidieron formar un gabinete de emergencia nacional y otro de reconciliación, pues no solo la crisis del coronavirus se ha vuelto una seria amenaza para el país, sino también la discordia interna, que en casos extremos alcanza el odio.

La resolución compromete al gabinete a buscar posibles caminos para suavizar y sanar las divisiones y desavenencias que existen dentro de la sociedad israelí, puesto que las acusaciones mutuas e incluso las mentiras inescrupulosas ya casi son parte de la normalidad del debate político, sobre todo en las campañas electorales.

La formación de este gabinete, después de años de odio y disputas, se muestra como «revolucionario». Parece haber voluntad para reparar las divisiones y no tolerar a quienes pretenden provocar grietas. Veremos si se podrá alcanzar este objetivo.

Al igual que en todo el mundo, Estados Unidos vivió reiteradas oleadas de protestas antirracistas, e Israel no fue la excepción: su gran diversidad racial potencia las tensiones y los conflictos. Solo el respeto y la valoración mutua podrán evitar que estas diferencias se resuelvan por medio de enfrentamientos destructivos.

En Filipenses 2:3, Pablo nos revela una receta para apaciguar los conflictos generados por las tensiones entre las personas. Dice: «[…] estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo».

Estas palabras son muy conocidas, empero, es importante que analicemos en su contexto estas grandes declaraciones bíblicas. Pablo está hablando de la humildad, la cual nos permite estimar al otro como superior a nosotros mismos. No se trata, sin embargo, de un sentimiento humano, sino de la humildad que Jesucristo vivió y de la cual nos dio ejemplo, despojándose de la gloria del Padre para venir a la tierra a salvarnos. La obra de Jesús es para todos los hombres, sin distinción de raza u origen.

Pablo escribe en el versículo 4: «[…] no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros», para luego continuar con la invitación: «Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús […]».

Estas palabras de Pablo no solo son importantes para la convivencia familiar, sino que su validez alcanza la vida social de un país e inclusive las relaciones exteriores.

Reflexionando acerca del valor del consejo bíblico, hemos de lamentar que la Palabra de Dios haya perdido su influencia como norma legislativa en los Estados mundiales, incluso en aquellos que han sido formados sobre una base cristiana.

En Israel, constatamos un proceso similar. A pesar de que se discuten las tradiciones y costumbres religiosas, el gran mensaje moral y ético de Dios en la Biblia, el cual, además de no tener comparación, resulta clave para la convivencia pacífica de la diversidad humana, es descartado y desatendido muchas veces.

Se ciernen amenazantes nubes tormentosas sobre este mundo, tales como esta pandemia, aunque podría también tratarse de otras cosas. 

¿Qué haremos frente a esta amenaza? Pues tan solo confiar en el Señor, tal como Él lo exigió a los israelitas al liberarlos de Egipto.

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