Ideas sobre el cambio climático

Kurt Schenker

Una amonestación divina a través del profeta Amós bajo el antiguo pacto sigue hablándonos en el día de hoy.

Después de meses de tiempo veraniego en parte muy caluroso y de sequía excepcional de junio hasta octubre de 2018, por fin, como anunciado desde hace días por el informe climático, llegó la lluvia urgentemente necesaria. Quien era honesto, se alegraba.  Seguramente no eran solamente los agricultores, la navegación en el río Rin, o los glaciólogos que se preocupaban por la retirada de nuestros glaciales. Todos nosotros nos alegramos por la tan ansiada lluvia. Por supuesto que ahora rápidamente se vuelva a responsabilizar al calentamiento global por esta constelación climática mundial insólita.

Seguramente el calentamiento global, del cual nosotros los humanos somos responsables, también juega un rol en esto –pero no solamente eso–. La decadencia “espiritual” mundial en sociedad y política también juega un rol. Esta decadencia puede ser hallada en todas las relaciones interpersonales. Los excesos de la misma son mentira, corrupción, fraude, violencia, asesinato, soberbia y aberraciones morales. Esto nos lo muestran y hacen escuchar diariamente a través de la multitud de posibilidades de la “social media”. Las naciones están alborotadas y nadie tiene una solución, ¡nadie!

En los escritos del profeta Amós, en el Antiguo Testamento, se encuentra un informe amonestador en este sentido. Quizás uno u otro de los lectores se molesten ante la referencia al Antiguo Testamento, es decir, la Biblia. Pero para ser justos primero deberíamos analizar el discurso de Amós.

Se trata del mensaje que el profeta Amós debió dirigir a los hijos de Israel, al pueblo de los judíos como amonestación de parte de Dios. Esta advertencia también puede ser aplicada como mensaje para nosotros. Dios en esa ocasión amonestó a Su pueblo amado, que éste debía regresar a Él, al igual como Él también nos ama y nos amonesta a nosotros a regresar del camino impío (Hch 17:30). Si bien el pueblo de los judíos era religioso – y aún lo es – vivía de manera impía y practicaba la idolatría, igual que nosotros en el día de hoy, y como lo hacen todos las demás naciones y pueblos. En Amós 3:10 dice, por ejemplo: “No saben hacer lo recto, dice Jehová; atesoran rapiña y despojo en sus palacios.” También puede ser dicho de esta manera: Ellos compiten por poder, fuerza y riquezas y eso, a menudo, con medios cuestionables.

En el correr de su historia, Dios una y otra vez ha afligido al pueblo de Israel a causa de su repetida incredulidad y por sus crímenes. Ese también puede ser el caso con nosotros.

Por eso el Profeta Amós tuvo que decirle a su pueblo en capítulo 4:6-8, por ejemplo: “(Yo, Dios) os hice pasar hambre en todas vuestras ciudades y hubo falta de pan en todos vuestros pueblos; mas no os volvisteis a mí, dice Jehová. También os detuve la lluvia tres meses antes de la siega; hice llover sobre una ciudad y sobre otra ciudad no hice llover; sobre una parte llovió, y la parte sobre la cual no llovió se secó. Venían entonces dos o tres ciudades a una ciudad para beber agua, y no se saciaban. Con todo, no os volvisteis a mí, dice Jehová…”

Estas palabra de Dios en realidad deberían darnos que pensar, sobre todo cuando nos acordamos de los meses de junio a octubre. ¿Cómo estaba la miseria en nuestro entorno en Europa y en Ultramar? Todo comenzó con una ola de calor descomunalmente larga, con enormes incendios forestales en Suecia, Grecia y Portugal. A eso se agregaba la falta de agua que llevó a una gran sequía en Europa. De tormentas, Tsunamis, inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas, escasez de agua potable y hambruna se informaba casi diariamente. Y sin olvidar los enfrentamientos bélicos continuos y las peleas masivas en estadios deportivos y salas de eventos.

Vale la pena leer las palabras amonestadoras en el Antiguo Testamento y reflexionar en ellas. De arrepentimiento, cambio de la manera de pensar y de volver a Dios también habla el Nuevo Testamento. Tiene que ver con Jesucristo. En Juan 14:6, Él dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.”

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