En el tiempo actual deberíamos unirnos más entre cristianos

Hans Zemp

Conversamos con Hans Zemp, que experimentó personalmente lo que es vivir en una comunidad anabaptista. Tocamos temas como la comunidad de bienes, el aislamiento y el discipulado. La entrevista fue dirigida por René Malgo.

¿A qué se debe que los historiadores, en general, ven con ojos muy críticos a los anabaptistas?

Hubo muchas equivocaciones en el movimiento de los anabaptistas. Ellos trajeron algo nuevo, y esto provocó cierta agitación en la época de la Reforma. Agitación no es lo mismo que revolución, sin embargo, algunos de entre los anabaptistas vieron los cambios más bien como una revolución. Así, por ejemplo, asaltaron iglesias para vaciarlas de sus imágenes de santos. Si bien era correcta su idea de quitar las imágenes de las iglesias, no lo fue la manera como lo hicieron. Muchos se dejaron influenciar mal. Por ejemplo, la revuelta de Münster, un intento de radicales anabaptistas de establecer un gobierno propio en la ciudad alemana de Münster, fue una equivocación total. Simplemente debemos admitir que existe también este lado oscuro en la historia de los anabaptistas. … Los huteritas, por ejemplo, habían optado por la comunidad de bienes, pero más tarde se descubrió que algunos líderes se habían quedado con dinero propio.

Entre los anabaptistas hubo –y hay– corrientes muy distintas. ¿Cuál es el pensamiento central, que resume la filosofía de todos los anabaptistas y los distingue de los reformados?

Gracias a la imprenta y a las traducciones de Martín Lutero, de repente cualquiera podía leer la Biblia y convencerse de los puntos en los cuales la Iglesia tradicional se había apartado de la verdad bíblica. Los anabaptistas buscaban regresar al fundamento bíblico y al tiempo de Jesús. Nuestro Señor vivía en una comunidad de bienes. No era solamente un maestro. Sus discípulos estaban con él las 24 horas del día –tanto hombres como mujeres. Los primeros cristianos no inventaron nada nuevo, sino que continuaron lo que habían vivido con Jesús. Y los anabaptistas lo tomaron de ejemplo.

¿Sería posible vivir en una comunidad de bienes hoy en día?

Es un gran desafío. Hace un tiempo, habría respondido que lo veo casi imposible. Sin embargo, lo experimenté en Estados Unidos con los huteritas. Hace casi 500 años que conviven de esta manera. Mientras que esta forma de convivencia no encaja en nuestro sistema social europeo, Estados Unidos es un país que favorece este tipo de vida. Para los huteritas y los anabaptistas en general, existen hoy en día regímenes especiales en Estados Unidos. Durante las dos guerras mundiales, todavía se les obligaba al servicio militar. La mayoría de ellos se negaba, y muchos de ellos murieron en las cárceles. Fueron los últimos mártires huteritas. Más tarde presentaron, junto a los menonitas, una petición ante el presidente norteamericano, y desde aquel entonces están liberados del servicio militar (mientras no haya guerra). Si hoy se reclutan soldados en Estados Unidos, basta, pues, con anotar: “Soy anabaptista”, y la cosa está resuelta. Además, el país está sumamente interesado en tener a gente innovadora en actividad, especialmente en la zona rural. Los anabaptistas siempre han sido gente de mucha iniciativa. En el siglo XIX, por ejemplo, entraron a regiones donde nadie quería ir, como a los territorios indios en Dakota. Los anabaptistas, de los cuales la mayoría vive en Canadá, realmente emprendieron y edificaron muchas cosas nuevas, e incluso hoy son muy solicitados porque son buenos trabajadores. Cuando está madura la cosecha en otoño, muchos agricultores piden ayuda a los huteritas. La ventaja de una comunidad es que posee una extraordinaria efectividad. Un grupo de 120 personas (cuando una colonia huterita asciende a entre 120 y 150 personas, se divide y se funda una nueva colonia) puede llevar a cabo un enorme trabajo. También después de los tornados, los huteritas ayudan en la reconstrucción de las casas. En América, son famosos por su buen trabajo y muy requeridos. Pero en Europa, la situación es diferente. En la colonia huterita que conocí en Estados Unidos, se había hecho un proyecto para desarrollar algo parecido también en Europa. Tuvieron que congelarlo, porque en Europa hay muchas reglas y limitaciones que lo hacen muy complicado. Además, la gente europea no conoce este tipo de convivencia. Le parece algo absurdo vivir en comunidades. Allí, con los huteritas, sin embargo, descubrimos un mundo completamente nuevo. Nunca habíamos visto un estilo de vida parecido, y tampoco lo hubiéramos considerado posible. Pero no es imposible. Existen algunas comunidades cristianas en Suiza que tienen algo como una comunidad de bienes.

Aunque hoy en día, la comunidad de bienes ya no es ninguna opción realista para la mayoría de los creyentes, ¿encontramos en la filosofía anabaptista una manera cómo podemos ser cristianos victoriosos en el tiempo final de este mundo?

La Biblia dice que debemos apartarnos de este sistema mundano, para no participar de sus pecados (Apocalipsis 18:4). Es verdad que debemos evangelizar al mundo, pero, justamente en nuestra época, me parece extremadamente importante que también nos apartemos. Somos hoy muy fuertemente influenciados por el mundo; existen tantas actividades, diversiones y tentaciones, especialmente para los jóvenes. Es difícil resistirse a ello, en particular para los niños y adolescentes. Son todavía jóvenes, influenciables, quieren pertenecer a un grupo, ser aceptados etc. Este es hoy un enorme problema. Nosotros hemos vivido con nuestros hijos durante ocho años y medio entre los huteritas. En aquellos años, nuestros hijos obtuvieron un fundamento firme, que de otra manera nunca hubieran tenido. Estoy muy agradecido a Dios por ello. Pienso que nosotros como cristianos necesitamos algo así. Por eso aconsejo a todos los padres cristianos a mandar a sus hijos a colegios cristianos y a compartir actividades con otros cristianos. Cada niño quiere pertenecer a un grupo. Si los niños van a la escuela dominical o participan en el grupo de jóvenes, están entre compañeros con los cuales comparten la misma manera de pensar. El estar en un grupo en el cual todos tienen la misma filosofía y actitud, es muy importante y de gran ayuda para un niño. En el tiempo actual, deberíamos unirnos más entre cristianos, para permitirnos tener –ante todo para nuestros hijos– otro fundamento, que no sea el que el mundo nos ofrece, para andar conforme a nuestra fe por el camino de la vida.

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