El secreto de los rollos de Qumrán

Alexander Schick

Permanecerá para siempre el enigma de por qué Muhammed edh-Dhib, de la tribu beduina T´amira, bajó la escarpada ladera al oeste del mar Muerto, un día de primavera del año 1947. ¿Realmente buscaba su cabra que se le había escapado, tirándole piedras para asustarla, como contó una y otra vez? ¿O buscaba un escondite adecuado para la mercadería contrabandeada que los beduinos traían de Jordania a Palestina en aquellos días? En realidad, el motivo por el cual tiró la piedra no es relevante – lo que importa es el hecho de que puso en movimiento la historia de un descubrimiento que, mundialmente, mantiene en vilo a los científicos como también a la opinión pública en general.

Muhammed estaba a un kilómetro y medio al norte de las antiguas ruinas del asentamiento de Qumrán, cuando encontró la diminuta entrada a una cueva y tiró una piedra hacia adentro. Escuchó un ruido como de arcilla que se quiebra. Entonces, descubrió en la cueva 50 cántaros de arcilla, puestos cuidadosamente en fila contra la pared. Uno de los cántaros, de 60 cm de altura, se había roto por la pedrada. ¿Hallé un tesoro oculto?, se habrá preguntado. Sin embargo, ¡que desilusión! Solo encontró en los cántaros algunos rollos de cuero ennegrecidos y completamente pegados uno al otro, que decidió examinar más cuidadosamente después, en el campamento. Pero, ninguno de los miembros de su tribu podía entender las letras que se distinguían en los antiguos manuscritos. Los beduinos no se imaginaban que sostenían en sus manos un tesoro, que era más valioso que todo el oro y la plata. Meses después, consiguieron vender su hallazgo al arzobispo Athanasius Yeshue Samuel, de la Iglesia ortodoxa siria. El precio fue de 92 dólares. Algunos años después, el Estado de Israel pagó al arzobispo 250 mil dólares por los mismos rollos. Durante meses, este había intentado averiguar qué había comprado realmente, pues no había podido descifrar la antigua escritura. Cuando, en febrero de 1948, se encontró con John Trever, un joven teólogo americano, este reconoció inmediatamente que los rollos eran un verdadero tesoro bíblico. El rollo más largo resultó ser una copia del libro del profeta Isaías. La forma de las letras era tan antigua, que debía provenir del I o II siglo a.C. Resultó que este rollo constituía la más antigua copia, completa, de un libro de la Biblia en hebreo. El sueño de todo investigador de textos se hizo realidad. La datación del manuscrito del libro de Isaías, del siglo II a.C., fue confirmada por medio de pruebas radioactivas en 1991 y en 1994. Hasta hoy, el llamado Gran Rollo de Isaías permanece siendo un hallazgo sensacional. Antes de los descubrimientos de Qumrán, el más antiguo y completo manuscrito bíblico en hebreo era el así llamado Códice de Leningrado, del siglo X d.C. El hallazgo del Gran Rollo de Isaías permite investigar los textos bíblicos a partir de unos mil años antes.

Los masoretas eran maestros de la Ley y escribas judíos que copiaron durante siglos la Biblia hebrea, el Tanaj (que corresponde a nuestro Antiguo Testamento). Sin embargo, nunca se tuvo la total seguridad de cuán confiables eran las copias masoréticas del Antiguo Testamento. Sería perfectamente comprensible que un milenario proceso de transmisión presentara muchísimos errores. ¿Cuántos copistas habrán copiado los textos una y otra vez, a través de los siglos? ¿Se podría tener la seguridad de que, aun trabajando con esmero, no se hubieran equivocado? Pues ahora, con el Gran Rollo de Isaías del siglo II antes de Cristo, se estaba en posesión de un libro completo del Antiguo Testamento, de más mil años más antiguo que los manuscritos medievales. ¡Una absoluta sensación! De golpe, se podían investigar más de 1,000 años de transmisión de manuscritos. Apenas dado a conocer el descubrimiento del Gran Rollo de Isaías, los periódicos ya escribían: “Ahora se verá que la Biblia ha sido mal transmitida”. – “Ahora el fundamento del cristianismo será sacudido”. El rollo de Isaías se convirtió, en cierto modo, en la vara de medir para juzgar la fidelidad de la transmisión de la Biblia. ¡Y se comprobó que el texto fue transmitido de forma sobresaliente!

En algunos pocos casos, permitió descubrir cuál había sido el texto original del libro profético. Por ejemplo: hacía tiempo ya que los traductores tenían serios problemas con Isaías 21:8. El manuscrito medieval, el así llamado texto masorético, dice: “Y él gritó, un león: sobre una atalaya estoy yo, oh Señor...”. Otra posibilidad de traducción sería: “Y un león gritó: sobre una atalaya estoy yo, oh Señor...”. Posteriores traducciones y revisiones intentaron darle sentido al pasaje, agregándole un “como”: “Y gritó como un león…”. ¡Cuán difícil es este pasaje para los traductores hasta el día de hoy, cuando se basan exclusivamente en la transmisión clásica masorética del texto bíblico! Esto se hace evidente también en la versión literal del profesor, y generalmente fiel traductor judío, Tur-Sinaí. Él escribe, en una traducción interpretativa: “Entonces grita: ¡El león (está suelto)! Sobre la atalaya estoy, Señor...”. Es realmente muy difícil comprender qué tiene que ver un león en este pasaje, cuando anteriormente, en el versículo 6, Dios ordena: “Ve, pon centinela que haga saber lo que vea”. Pero ahora, por medio del rollo de Isaías de Qumrán, se hizo evidente que el “león” surgió de la inversión de dos consonantes, una equivocación que sucedió hace muchos siglos. El rollo de Qumrán ofrece el texto original: “Y el que lo vio, gritó: Sobre una atalaya estoy yo, oh Señor...”. Otra manera de traducirlo sería: “Entonces gritó el centinela: Sobre una atalaya...”. Las diferentes lecturas provienen de que, en hebreo, la palabra “león” (´RYH) y la expresión “el que lo vio” o “centinela” (HR´H), se ven y suenan bastante parecidas. Debido a la confusión de dos consonantes, el “centinela” se convirtió en un “león”, que apareció de la nada. Pero, como para los copistas judíos el texto bíblico es sagrado, no corrigieron el evidente error.

El Gran Rollo de Isaías de Qumrán, comparado con el tradicional texto masorético, nos trae más de 6,000 divergencias ortográficas. Muy pocas veces el sentido del texto es afectado por esto, sin embargo, aquí se diluye toda teoría de un código secreto de la Biblia, pues para eso, todos los textos tendrían que ser idénticos. La detallada comparación del rollo de Qumrán con los manuscritos medievales demostró que el contenido del libro del profeta Isaías fue trasmitido con una fidelidad extraordinaria. Las pequeñas diferencias, como la palabra “león” en lugar de “centinela”, únicamente son interesantes para los especialistas que tratan de reconstruir el “texto original” de la Biblia. Sin embargo, en ningún lugar se afecta la información esencial del mensaje bíblico.

Además del Gran Rollo de Isaías, se descubrió otro manuscrito del libro de Isaías en la cueva 1. Está en mucho peor estado y su texto es casi idéntico al texto masorético.

Pero, no fueron los únicos hallazgos. Hasta el año 1956 se descubrieron – casi siempre por beduinos – otras diez cuevas con los restos de unos 1,050 rollos de escritura. Pero, lamentablemente – y contrariamente a los hallados en la cueva 1 – los rollos se habían roto en miles y miles de pedacitos. En total, fueron más de 80,000 pedacitos que los especialistas tuvieron que investigar, reconstruir y unir en un arduo y consagrado trabajo. En los años 50, el Departamento Jordano de Antigüedades dispuso un equipo internacional de siete especialistas para dedicarse a la restauración de los rollos de la Escritura. De los 80,000 fragmentos se pudieron reconstruir 15,000 pasajes. En estos, los expertos encontraron copias de casi todos los libros antiguotestamentarios. Uno de los manuscritos se convirtió en un hallazgo sensacional: entre los fragmentos de la cueva 4, se pudieron descifrar los restos de una copia del libro de Samuel, del tercer siglo antes de Cristo, que se reveló como el original de la traducción griega del Antiguo Testamento, conocida bajo el nombre de la Septuaginta (LXX).

El texto de Samuel de la Septuaginta siempre tenía una formulación algo diferente que el de la Biblia hebrea. Los expertos pensaron que los traductores de aquella época, unos 200 años antes de Cristo, se habían permitido algunas libertades. Pero, ¡todo lo contrario! Los textos de Qumrán demuestran que los traductores trabajaron con mucha prolijidad y responsabilidad. Las diferencias entre las traducciones no se deben a los traductores, sino al hecho de que disponían de diferentes originales hebreos. Quiere decir que en la época de Jesús, existían diferentes “ediciones” de la Biblia, exactamente como hoy. Antes de los hallazgos de Qumrán, se pensaba que había una sola versión de la Biblia hebrea. Sin embargo, el judaísmo usaba varias versiones al mismo tiempo.

El mismo fenómeno es demostrado por el descubrimiento de dos versiones del libro de Jeremías. Se encontraron nueve copias del libro. El manuscrito más antiguo (denominado 4QJera) data de aproximadamente 200 a.C., mientras que el más joven (4QJerc) es del primer siglo después de Cristo. Los dos fragmentos se asemejan mucho al texto masorético. Pero, en la Septuaginta encontramos una versión del libro de Jeremías un 13 por ciento más corta. Otros dos fragmentos del libro de Jeremías, el denominado 4QJerb y el 4QJerd, contienen el texto hebreo en la versión más corta, es decir, se basan en el mismo original que los traductores de la Biblia griega. Por lo tanto, existieron dos versiones antiguas del libro de Jeremías: una más antigua y más corta (usada en los textos 4QJerb y 4QJerd y en la Septuaginta) y una versión posterior, más larga (en los textos 4QJera y 4QJerc y en el texto masorético).

Cuando hablamos de los manuscritos de Qumrán, nos referimos a los restos de un total de 1,050 rollos de Escritura. La mayoría de los textos están en hebreo, algunos en arameo y unos pocos en griego. Entre los textos de Qumrán, unos 150 rollos contienen copias de los libros apócrifos (Tobías, Jesús ben Sira, Salmo 151, entre otros), de textos pseudoepígrafos (por ejemplo, el libro de Enoc, Salmos 152-155), como también 600 rollos de literatura judía no bíblica y anteriormente desconocida (por ejemplo, Regla de la Comunidad, Comentario de Habacuc, Rollo del Templo, Rollo de la Guerra y Rollo de Cobre). Casi 300 de todos los rollos encontrados, son copias de libros antiguotestamentarios (los más antiguos datan del siglo 3 a.C.). Todos los libros del Antiguo Testamento (salvo Ester) fueron descubiertos en las cuevas de Qumrán. Los libros más representados son Deuteronomio (39 fragmentos), los Salmos (también 39 fragmentos), Génesis (30), Éxodo (30), Isaías (22), Levítico (22), Números (15), Daniel (11) y los 12 Profetas Menores (13). Todos los demás libros están representados con menos de 10 copias cada uno. De 1 y 2 Crónicas, y Esdras, existe un fragmento de cada uno respectivamente.

Además de los rollos con textos bíblicos y las copias de textos apócrifos, aparecieron también escritos judíos hasta ahora completamente desconocidos. La mayoría de los investigadores ven en estos escritos el legado de los esenios, uno de los más grandes movimientos religiosos judíos del tiempo “entre los dos Testamentos”. En su observación de la Torá (el Pentateuco, es decir, los cinco libros escritos por Moisés) y especialmente del reposo sabático, los esenios eran aun más rigurosos que los fariseos.

En los últimos años, se publicaron muchos libros acerca del tema “Jesús y Qumrán”. Algunos autores fueron incluso tan lejos al punto de sostener que el Vaticano había impedido la publicación de los rollos de Qumrán y los había declarado “documentos secretos”, porque el texto contenía material sobre Jesucristo sumamente comprometedor para la Iglesia católica, negando que era el Hijo de Dios, describiéndolo como un rabino común, casado con María y con hijos. Todas estas teorías fantasiosas estarían, según se afirma, en los textos de Qumrán. Estas mentiras fueron mundialmente expandidas por el escandaloso éxito de ventas anticristiano El Código Da Vinci, de Dan Brown y millones de personas lo leyeron y, lamentablemente, también lo creyeron.

Cuando publicamos nuestra respuesta, en el libro Das wahre Sakrileg (El verdadero Sacrilegio), desenmascarando las tesis de Brown como puras mentiras, nuestra editorial fue denunciada y se le reclamó una indemnización de 250,000 euros. Sin embargo, la editorial de Dan Brown no ganó el proceso judicial en contra nuestra. Nuestro libro se publicó, y se convirtió en el libro de no ficción más exitoso, en alemán, contra las estupideces del Código Da Vinci. Pero, lamentablemente, las teorías sensacionalistas de Dan Brown se vendieron por millones y muchos las creyeron, aunque sus afirmaciones son una mera mentira con la que los autores han hecho muchísimo dinero. Lo que él escribe, no tiene nada que ver con una responsable investigación científica. Es lectura que pertenece al área de la novela barata. El hecho es que el Vaticano en ningún momento tuvo algo que ver con la publicación de los textos de Qumrán. Desde el año 1967, este asunto está exclusivamente en manos de la Autoridad de Antigüedades de Israel. Todos los textos están hoy publicados bajo normas científicas y existen sus traducciones a varios idiomas.

En el año 2011, el Museo de Israel puso la totalidad de los rollos de la Escritura que están en su posesión en la red, en colaboración con la compañía de internet, Google, entre otros el Gran Rollo de Isaías y el Comentario de Habacuc, textos encontrados en la cueva 1. La digitalización le costó 5 millones de dólares a Google. Además, desde el año 2012, también se pueden ver en internet fotos digitales de alta resolución de varios miles de fragmentos que no pertenecen al Museo de Israel y, por lo tanto, son presentados por la Autoridad de Antigüedades de Israel en su propia plataforma de internet. Este proyecto, que conlleva inmensos costos, fue apoyado, entre otros, por la fundación judía-estadounidense Leon Levi, con diez millones de dólares.

En primer lugar, se escanearon más de 4,000 fotos, sacadas en los años 50, de los colaboradores del equipo internacional que trabajaba con los rollos de la Escritura. Luego, se agregaron más de 1,000 fotos tomadas, para el proyecto de digitalización, en un laboratorio fotográfico especialmente concebido para este fin. En el año 2014, se pusieron en la red 10,000 fotos digitales más, y en diciembre de 2015, se aumentó aún más este número en 17,000 fotos. Ahora cualquier interesado puede estudiar los textos de Qumrán en esta biblioteca digital virtual de libre acceso.

Por invitación de Pnia Shor, jefe de los conservadores de los rollos de Qumrán, pude visitar hace poco los laboratorios rígidamente protegidos de la Autoridad de Antigüedades de Israel. Únicamente a cinco conservadoras de origen ruso les está permitido el trabajo con los frágiles documentos. En la etapa inicial de la investigación, habían pegado los fragmentos con cinta adhesiva y los habían comprimido entre placas de vidrio. Esto, de acuerdo con el conocimiento del cual se dispone hoy, no es favorable para preservar la calidad de los fragmentos. Por eso, los pedacitos están siendo limpiados y tratados por medio de un minucioso trabajo, para garantizar su conservación durante los próximos siglos. A las damas que hacen este trabajo, desde hace casi 20 años, solamente se les puede rendir el mayor respeto por sus esfuerzos. De esta manera, también los valiosos fragmentos de los manuscritos bíblicos serán guardados para el futuro.

Los rollos de la cueva 1 (dos rollos de Isaías, el rollo de Guerra, el Comentario de Habacuc, el rollo de Cantos de Alabanza, la Regla de la Comunidad, el Apócrifo de Génesis), así como el rollo del Templo de la cueva 11, fueron comprados y publicados por la Universidad Hebrea, es decir, por el Estado de Israel. Se exponen hoy en un edificio especialmente construido para este fin, el Santuario del Libro en Jerusalén. Este anexo del Museo de Israel está cerca del Parlamento israelí, la Knéset, y es de gran atracción para el público. El edificio del museo tiene la forma de una tapa de cántaro y es completamente blanco. El color es simbólico de los dueños originales de los rollos, que se denominaban a sí mismos “hijos de la luz”. Frente al museo hay una gigantesca piedra negra, que simboliza a los “hijos de las tinieblas”. Es una representación arquitectónica del rollo de Guerra, que habla de la lucha entre los hijos de la luz contra los hijos de las tinieblas en el final de los tiempos.

La situación jurídica de los hallazgos que se descubrieron después de la guerra de Independencia de 1948, es complicada. Qumrán, como también la parte norte del mar Muerto, quedó en una parte de la Tierra Santa ocupada por Jordania. Por eso, los hallazgos llegaron a manos de la Autoridad de Antigüedades de Jordania, que estableció un equipo de especialistas internacionales, como lo mencionamos más arriba, e hizo investigar los hallazgos en el museo Rockefeller, no lejos del Jardín de la Tumba. Recién en 1967, estos fragmentos llegaron a manos de los israelíes, al final de la guerra de los Seis Días.

Los hallazgos del mar Muerto son, ciertamente, la mayor sensación arqueológica del siglo XX. Representan la más antigua literatura judía preservada hasta hoy, y esclarecen el tiempo en el cual vivió Jesucristo. Gracias a ellos, la ciencia puede reconstruir con mucha más exactitud aquella época. Nos hacen ver cuán judías son las raíces de la fe cristiana, pero también con cuánta exactitud los textos bíblicos fueron trasmitidos a través de los siglos. En ninguno de los textos de Qumrán se encuentran informaciones secretas acerca de Jesús, de Pablo o de los cristianos primitivos. A pesar de esto, el significado teológico de los textos de Qumrán para la comprensión del Nuevo Testamento, es enorme.

Un ejemplo: en general, se suponía que el Mesías no era denominado “Hijo de Dios” en el judaísmo temprano, mientras que sí lo hace el Nuevo Testamento, lo que probaría la influencia pagana-helenística en sus escritos. Sin embargo, el descubrimiento del texto 4Q246 (es decir, el fragmento 246 de la cueva 4 de Qumrán) exige un cambio de actitud, pues el pasaje más importante de este comentario arameo acerca del libro de Daniel, que data del año 150 antes (!) de Cristo, dice: “Será denominado Hijo de Dios, y lo llamarán Hijo del Altísimo”.

Esta formulación nos hace recordar enseguida las palabras del ángel a María: “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo” (Lc. 1:32-36). Por eso, el profesor y teólogo alemán Rainer Riesner concluye, con razón: “El fragmento de 4Q246 de Qumrán nos demuestra que en un pasaje importante de la historia del nacimiento, contada por Lucas, de ninguna manera usaba un idioma pagano-helenístico, sino uno palestino-judío”. Ciertamente existía ya, a más tardar en el segundo siglo antes de Cristo, el conocimiento teológico de que el Mesías tenía que ser el Hijo de Dios, tal como el Nuevo Testamento luego lo testificó acerca de nuestro Señor Jesús.

Un segundo ejemplo: teniendo presentes los textos de Qumrán, vemos lo radical y provocador que era el mensaje de Jesús ya en aquel entonces. Cuando el Señor Jesús exhorta en el Sermón del Monte a amar al enemigo (Mateo 5:44), era algo contrario a la concepción de los religiosos de Qumrán. Ellos, incluso, tenían que prestar juramento una vez al año de que odiarían a los “hijos de las tinieblas” (según se lee en la Regla de la Comunidad). Y si el Señor Jesús aclara que “el día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo” (Marcos 2:27), esto demuestra la brecha que existía entre Él y los esenios, los cuales ni siquiera podían hacer sus necesidades en un día de reposo. Una comparación de los rollos de Qumrán con el Nuevo Testamento, nos muestra lo nuevo y liberador que era el mensaje de Jesús acerca del amor salvador de Dios para Su tiempo, tal como lo es hoy todavía.

Desde el principio de las investigaciones, se discute fervientemente quién vivía en Qumrán. La mayoría de los científicos ve en Qumrán un asentamiento de los esenios, un grupo religioso judío descrito en fuentes antiguas de Filo, Josefo y Plinio. Además, los hallazgos de cerámica encontrados en el asentamiento de Qumrán y la cerámica de las cuevas son idénticos. Las cuevas 7-9 solamente se podían alcanzar atravesando el asentamiento de Qumrán. Las cuevas 4a, 4b y 5 están situadas en la terraza de marga, directamente frente al asentamiento. Todo esto nos indica que los habitantes de Qumrán deben haber sido los dueños de los manuscritos escondidos. Muchos de los textos de Qumrán se expresan críticamente con respecto al culto en el Templo. También llama la atención que falten los libros de los Macabeos, con sus ideas de independencia del pueblo judío, lograda en el reino asmoneo, en el segundo y primer siglo antes de Cristo. La elección del lugar desértico tiene relación con Isaías 40:3, que es citado dos veces en la Regla de la Comunidad: “Preparad en el desierto camino al SEÑOR” (LBLA). En 1996, se descubrió una pieza de arcilla con una inscripción y la autoidentificación como yajad (lo que significa: comunidad), una expresión usada en los textos de Qumrán. En el texto 4Q477, un miembro del yajad es reprendido por un supervisor. La Regla para la Comunidad (1QS), ofrece normas y un catálogo de castigos para la convivencia de una comunidad. La alta concentración de baños rituales, los cuales inmediatamente llaman la atención de cada visitante del asentamiento, y muchos depósitos enterrados llenos de huesos de animales impuros según el rollo del Templo, nos enseñan que los habitantes tenían un destacado interés en la pureza religiosa. Todo esto coincide con lo que sabemos sobre los esenios.

En el año 68 después de Cristo, Qumrán fue destruido por los romanos. Justo antes, los habitantes escondieron los rollos en las cuevas. Esto explica por qué no se encontró ningún rollo de la Escritura en las excavaciones en el mismo asentamiento. Tenemos hoy numerosos modelos de interpretación alternativos acerca de la cuestión de quién vivía en Qumrán. Según ellos, el asentamiento habría albergado la manufactura de rollos de la Escritura, una curtiduría, una fortaleza, un caravasar, un puesto de aduana, un almacenamiento de víveres, una hacienda, una plantación a gran escala de dátiles, un lugar de producción de alfarería y también de bálsamos y perfumes. Los manuscritos habrían sido sacados de Jerusalén y llevados a las cuevas cuando comenzó la guerra judía. Según estas teorías, nunca vivieron los esenios en Qumrán. Sin embargo, estas interpretaciones fueron rechazadas por los especialistas, porque, por ejemplo, los muros del asentamiento, que miden 60 centímetros, son demasiado finos para ser una instalación militar. Tampoco hay huellas de instalaciones de irrigación, que hubieran sido la condición para un intenso uso agrario grande. Tampoco se pudo encontrar ninguna huella de tanino, lo que se esperaría hallar en una curtiduría.

En una investigación de la tinta de un fragmento del rollo de Cantos de Alabanza (1QH), estas teorías alternativas fueron refutadas definitivamente. En la antigüedad, la tinta se conservaba en forma sólida y tenía que diluirse con agua antes de ser usada para escribir. El estudio químico de los oligoelementos demostró una alta concentración de bromo, lo que únicamente se encuentra en las aguas cerca del mar Muerto. Esto significa que el rollo de Cánticos de Alabanza debe haber sido escrito en Qumrán. A esto se agrega que las tinajas se impermeabilizaban con textiles de lino impregnados con betún del mar Muerto. Sin embargo, no todos los textos fueron escritos en Qumrán. Los manuscritos que datan del tiempo anterior al 100 a.C. (como por ejemplo el Gran Rollo de Isaías), deben haber sido traídos como “originales” cuando se fundó el asentamiento esenio de Qumrán. Aparecieron también fragmentos que parecían provenir de otros lugares, sin embargo, sí provenían de Qumrán, como lo confirmó el profesor James Charlesworth de la universidad de Princeton. En los años 50, él realizó entrevistas con los beduinos que participaron en las excavaciones. Recibían un jornal muy modesto por su trabajo. Por eso, no entregaban los fragmentos de rollos que encontraban en Qumrán a los que dirigían la excavación, sino que los vendían por su propia cuenta, obteniendo por lo menos veinte veces más dinero por ellos.

La hasta ahora más adecuada y representada explicación científica de Qumrán, es que se trató de un centro y legado de los esenios.

El que visita hoy las ruinas de Qumrán, cerca del mar Muerto, queda entusiasmado al ver las excavaciones, pues el sitio arqueológico traslada al visitante directamente a la época del Señor Jesús. Las “piedras comienzan a clamar”, y se puede imaginar la antigua vida judía en las ruinas, por ejemplo, cuando se observan las fuentes de lavamiento ritual, en las cuales los esenios tenían que lavarse diariamente. Los valiosos rollos de la Escritura que se hallan en el Santuario del Libro, son admirados cada año por miles y miles de visitantes del museo. Estos hallazgos arqueológicos sensacionales nos hacen ­recordar, de una manera impresionante, las palabras del profeta Isaías (40:8): “Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre”.

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