El reconocimiento estadounidense a la soberanía israelí sobre los Altos del Golán

Fredi Winkler

Es interesante cómo el reconocimiento del presidente estadounidense a la soberanía israelí sobre los Altos del Golán no ha movido demasiado los ánimos del mundo árabe. Esto se explica en parte por el hecho de que el presidente sirio Asad no es muy querido en la región. Además, los países árabes tienen en estos momentos algunas preocupaciones de mayor relevancia: la extensión de la ideología chiita a través de Irán se transforma en una creciente amenaza existencial para los ricos Estados petroleros. En esta situación, hasta les es favorable las acciones de Israel y de Estados Unidos contra el avance iraní en Siria.

Además, ¿a quién deberían devolver el Golán después de cincuenta y dos años? ¿A Siria, un país dividido y destruido por los conflictos religiosos, que reiteradas veces se negó a hacer las paces con la nación israelí y que es hoy aliada de Irán, un régimen que juró destruir al Estado de Israel?

Hace diez años, parecía algo imposible que un Estado árabe apoyara a Israel, admitiendo su correcta actuación, sin embargo, un conjunto de países de la región piensan así en la actualidad.

Los únicos que condenaron de inmediato el reconocimiento formulado por Trump fueron Turquía y Rusia, dos países que hubieran hecho bien en guardar silencio, puesto que han procedido de igual manera, y no por defensa propia como en el caso de Israel: Turquía invadió Chipre del Norte y Rusia, la Crimea. Pero siempre es más fácil condenar a un pequeño país sin muchos amigos, como lo es Israel.

A pesar de la crítica de los sectores políticos de la oposición en Israel, quienes consideran la declaración estadounidense como una propaganda indirecta para la reelección de Netanyahu, todos los partidos, tanto de izquierda como de derecha, celebraron la decisión como un acto necesario e histórico.

El primer ministro israelí agradeció al presidente Trump con las siguientes palabras: “El reconocimiento de Estados Unidos llega en el momento justo, cuando Irán intenta utilizar a Siria como plataforma para atacar y destruir a Israel”. Dijo también que con esta acción el presidente Trump daba un mensaje global de que Estados Unidos seguía siendo un fiel amigo de Israel.

El secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, que se encontraba justo en Israel al conocerse la noticia, dijo antes de seguir su viaje al Líbano: “A mis anfitriones en el Líbano les diré con toda claridad a qué se arriesgan al permitir que el movimiento de Hezbolá participe legalmente en el Gobierno libanés”. Enfatizó que Hezbolá es una organización terrorista al servicio de la República Islámica de Irán, la cual tiene como meta la destrucción de Israel; y si se presta atención a su programa político, también la de las democracias occidentales, en especial Estados Unidos. Por esta razón, el secretario afirmó que aumentarían la presión sobre Irán con el fin de que modifique su comportamiento. La meta es sencilla: llevar a Irán a comportarse como un Estado normal, detener los bombardeos, los ataques suicidas, el apoyo y la incitación al terrorismo, como también el amparo a Hizbulá, a Hamás y a los hutíes: “Es lo que exigimos de cada nación del mundo, y también de Irán”.

El hecho de que el reconocimiento estadounidense de la soberanía israelí sobre el Golán no provocara ningún grito de protesta en el mundo árabe, nos muestra cuánto ha cambiado la situación en los últimos diez años. Sin que se pronuncie a viva voz, existe cierto sentimiento de comprensión por Israel y por su aliado norteamericano.

Para Israel, el claro posicionamiento de Estados Unidos llega en el momento en que las preocupaciones por las amenazas desde el norte habían llegado al punto de necesitar un fuerte aliado a su lado.

Con la certeza de que Dios, a pesar de la aparente confusión política, está guiando los destinos de los pueblos y los reinos de este mundo, y cumplirá su plan y el establecimiento de su Reino en la tierra.

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