El hombre mono

Norbert Lieth

Los científicos han comenzado, a crear híbridos. ¿Qué significa esto? desde un punto de vista bíblico y profético?

La noticia dio la vuelta al mundo. Un equipo de investigadores consiguió cultivar híbridos a partir de embriones de mono y células madre humanas, los que sobrevivieron en una placa de cultivo durante casi tres semanas. Esto nos recuerda la enseñanza bíblica acerca de la Torre de Babel: “Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer” (Génesis 11:5-6).

En aquel momento los hombres habían cruzado la línea, por lo que Dios intervino. ¿Se repetirá acaso esta misma situación? Las señales hablan por sí mismas. Frankenstein, los monos de El planeta de los simios y King Kong envían sus saludos...

Inyectar células madre humanas en embriones de macacos (monos javaneses) es una manera de construir otra vez la Torre de Babel. Nada hará desistir a la humanidad de llevarlo a cabo, ni la ética ni las leyes; ya han comenzado, y si nadie se los impide, seguirán avanzando a gusto.

Estos investigadores cultivaron embriones compuestos por células humanas y animales. La noticia generó dudas, admiración y también indignación en los medios de comunicación. El ser humano es consciente de haber cruzado el límite ético y haber transgredido los principios de la naturaleza. Empero, ¿se dejará detener por eso? El informe dice que fueron cultivados 132 quimeras (híbridos de humanos y animales), de los cuales 103 lograron sobrevivir por más de diez días y tres alcanzaron el día 19. Nunca antes se había logrado que las quimeras sobrevivieran durante tanto tiempo en la placa de cultivo. Aunque el proyecto principal es inviable a largo plazo, su simple intento resulta espeluznante. Los especialistas en bioética exigen a la sociedad y a los legisladores un abordaje de la cuestión de los híbridos. Sin embargo, Dios conoce al hombre mejor que el hombre a sí mismo. Los científicos no descansarán en su afán por lograr “progresos” científicos. Pero al hacerlo, no solo cruzarán un límite natural, sino también divino–pues Dios creó cada criatura según su propia especie. Al rechazar esta verdad, interferirán en la creación de Dios y se elevarán a sí mismos a la condición de Creador.

Quisiera citar dos ejemplos en la Carta de Judas: “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día; como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno” (Judas 1:6-7).

¿Qué había pasado? Los ángeles pasaron los límites divinos (“abandonaron su propia morada…”), y el Todopoderoso intervino con castigo. De la misma manera, los sodomitas sobrepasaron los límites naturales dados por Dios: “se entregaron a la prostitución, y se dejaron llevar por vicios contra la naturaleza…” (dhh), recibiendo también el juicio de Dios. Me pregunto si estos “avances” del mundo científico no son, en esencia, producto del pecado, del cual sufriremos las consecuencias.

Estamos experimentando de primera mano cómo los acontecimientos mundiales se precipitan hacia el cumplimiento de las profecías bíblicas en prácticamente todos los ámbitos. Ante esta realidad debemos recordar que Dios ama a Sus criaturas y es paciente con ellas, no queriendo que nadie se pierda. Si el Señor no hubiera ejercido Su paciencia para conmigo, no sé si estaría vivo–¿y qué podría decir del regalo de la vida eterna? No pretendemos tan solo sacar a la luz las obras de las tinieblas, sino señalar la gran luz de la redención divina en Cristo Jesús.

Oramos: ¡Maranatha, ven, Señor Jesús!

ContáctenosQuienes somosPrivacidad y seguridad