El estado del mundo desde el comienzo de la crisis pandémica

Fredi Winkler

Parece que el término confusión describiera de manera acertada el estado del mundo desde el comienzo de la crisis pandémica. Hay muchos que, como supuestos expertos, dan a conocer su propia interpretación del asunto. Sin embargo, es fácil hablar cuando no se tienen responsabilidades o la tarea de tomar decisiones con grandes consecuencias. El coronavirus sigue siendo el gran desconocido: nadie sabe bien cómo se vencerá ni cuánto durará.

La palabra confundido también aparece en la Biblia, y es interesante que la encontremos justo en el sermón que el Señor Jesús da en el monte de los Olivos, donde habla del tiempo final (Lucas 21:25). En este se describen las catástrofes naturales que sobrepasan al ser humano. Ni el hombre moderno, con todos sus avances tecnológicos, los que, entre otras cosas, le permiten llegar al espacio, puede contra la fuerza elemental de la creación de Dios.

El versículo 26 dice: “[…] desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra […]”.

Por supuesto, las palabras del Señor Jesús no hacían referencia a la crisis actual. Sin embargo, la situación mundial despierta en nosotros un vago sentimiento de que no todo está bien. Parece que nadie es capaz de dominar este problema y menos de afirmar cuánto tiempo pasará antes de que todo vuelva a la normalidad.

Las consecuencias, sobre todo para la economía, son catastróficas. Muchos sectores económicos están paralizados y el desempleo ha alcanzado niveles inesperados, incluso en países con economías fuertes. ¿Durante cuánto tiempo podrán los Estados cubrir los prometidos subsidios por desempleo? Además de esto, el simple hecho de pensar en las posibles consecuencias financieras del confinamiento, puede hacernos entrar en pánico.

Es natural que frente a una crisis se busquen culpables. Y cuando no se pueden dar explicaciones lógicas, muchas personas recurren a las teorías conspirativas. Casi podemos reír escuchando las diferentes hipótesis contradictorias que explican todo lo que sucede hoy. A pesar de esto, ninguno de los sabios de este mundo se ha imaginado que tal vez Dios podría estar detrás de todo esto, con el fin de convertir su sabiduría en necedad, como dice Isaías 44:25. Aunque los logros científicos de la humanidad son impresionantes, la crisis actual, desencadenada por algo invisible al ojo humano, demuestra una vez más las insuficiencias y limitaciones del hombre.

Aquí en Israel se ha podido controlar la crisis hasta cierto grado. La tasa de letalidad entre los enfermos de COVID-19 es una de las más bajas del mundo. Además, la emergencia sanitaria tuvo un positivo efecto secundario en Israel. Cuando estábamos a punto de tener por cuarta vez elecciones nacionales, con el fin de resolver un nuevo empate entre los dos bloques políticos más votados, Benny Gantz, el opositor de Benjamín Netanyahu, decidió, en vista de los gigantescos problemas a los cuales se enfrenta nuestro país, dejar de lado por un tiempo los obstáculos que los separaban de su contendiente y establecer así un Gobierno capaz de atender la amenazante y creciente montaña de problemas nacionales. Nadie es capaz de predecir por cuánto tiempo se mantendrá esta coalición. Esperamos y oramos para que sea en beneficio de Israel.

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