El Estado de Israel moderno, ¿realmente es parte de la profecía bíblica?

Johannes Pflaum

A menudo, recibimos preguntas llenas de reproches diciendo que de dónde sacamos el derecho de aplicar la profecía de restauración de Israel al presente. Ya que siempre habría habido regresos a Israel, aún cuando hayan sido en menor escala (por ejemplo, del exilio babilónico). Una explicación.

El profeta Isaías anunció: “Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra” (Is. 11:12). Existe un solo período en la historia del mundo en el cual podemos hablar de un regreso desde los cuatro puntos cardinales del mundo a Israel. Antes del tiempo de Cristo, cuando los judíos regresaban a su tierra, siempre era solamente desde un punto cardinal (Babilonia) y en un número relativamente pequeño. Pero a partir de fines del siglo XIX, a causa de la repentina aparición del sionismo, comenzó el regreso de los judíos de todas partes del mundo –exactamente como fue profetizado en la Biblia. Al principio, fue un número relativamente pequeño, pero después de los terribles sucesos durante el gobierno nacionalsocialista alemán, aumentó rápidamente.

Fue el 5 de enero de 1895, en la plaza de desfiles de la academia militar en París. A un oficial francés se le arrancaba públicamente la insignia de rango de Estado Mayor y su espada fue quebrada con gesto drástico. Al mismo tiempo, la gente furiosa que acudía en masas, gritaba: “¡Muerte al judío!”.

¿Qué había sucedido? De la sección de contraespionaje francés habían sido entregados a los alemanes, materiales clasificados sumamente delicados del Estado Mayor. El jefe del contraespionaje francés, Coronel Sandherr, era un antisemita convencido, y cuando al revisar la lista de nombres de su organismo se encontró con el nombre judío Dreyfus, para él quedaba claro: “¡Solo judíos pueden haber perpetrado una traición tan monstruosa!”.

Alfred Dreyfus fue condenado en un procedimiento escandaloso sin verdaderas pruebas y exiliado a la Isla del Diablo, donde sufría bajo el clima tropical y las malas condiciones carcelarias. Más tarde, el nuevo jefe del contraespionaje francés Picquart descubrió al verdadero autor del delito. Pero, si bien él demostró la inocencia de Dreyfus, no le querían escuchar. El judío debía quedarse en la Isla del Diablo. Picquart, sin embargo, no se rindió. En 1906 finalmente tuvo éxito: en lugar de su degradación, Dreyfus fue nombrado caballero de la legión de honor y rehabilitado.

Entre los observadores del juicio simulado contra Dreyfus también estaba el corresponsal de un diario vienés. Este hombre también era judío. El juicio escandaloso le planteó muchas preguntas a él. Él comenzó a reflexionar sobre su pueblo que estaba diseminado por el mundo entero. Sin patria, sin Estado que representara y defendiera los intereses de sus ciudadanos. Y así el corresponsal vienés Theodor Herzl escribió su panfleto El Estado Judío, lo que lo convirtió en fundador del sionismo y, desde una perspectiva humana, en padre intelectual del renacimiento nacional de Israel.

Con la destrucción de Jerusalén por Tito, la estructura Israel aparentemente se había esfumado. Desde entonces tampoco había un Estado judío con ocupación extranjera. Sin embargo ahora, con Theodor Herzl se hacía aparente lo que fue profetizado en Ezequiel 37. Los huesos secos se movían. Dios utilizó a Herzl para comenzar aquello que, según el testimonio profético, debía iniciar la venida del Mesías, ¡la reunificación del pueblo de Israel!

El sionismo de Theodor Herzl inició el nacimiento intelectual de una patria judía nacional. Pero con eso aún no se había dicho nada sobre el lugar de esa patria. Así fue como se llegó al congreso sionista en Basilea, Suiza. Fritz Grünzweig reproduce el informe de un visitante: para este congreso se habían reunido judíos de toda Europa (comerciantes, banqueros…). Ellos discutieron diversas posibilidades con respecto a una patria judía (Madagascar, África). En medio de la discusión, un rabino anciano proclamó la palabra del salmista: “Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, pierda mi diestra su destreza”. Ahí se levantaron estos hombres avispados, se abrazaron con lágrimas en los ojos y dijeron: “Venid, volvamos a la tierra de nuestros padres”. Con eso, no solamente había nacido la fundación de una patria judía nacional, sino también la resurrección del Estado de Israel en su tierra original.

En 1895, la policía secreta zarista fabricó en París los así llamados Protocolos de los Sabios de Sión. Los escritos falsificados hablaban, de que los judíos en secreto planificarían una conspiración a nivel mundial y que estarían preparando la toma del gobierno mundial. Estos supuestos protocolos secretos sirvieron como pretexto para provocar pogromos contra los judíos de Europa oriental. Dichos protocolos son las “obras estándar” antisemíticas, que jugarían un rol significativo en el Tercer Reich. Hasta el día de hoy esos protocolos son leídos en los países árabes, que también mencionan supuestos libros de ilustración sobre la masonería como comprobantes.

En 1905, entonces, a los judíos se les adjudicó la culpa por la derrota en la guerra ruso-japonesa y que más tarde también fueron usados como chivo expiatorio para el comienzo de la revolución. Entre 1917 y 1920, tan solo en Ucrania fueron exterminados por lo menos 75,000 judíos. En ese tiempo, tuvo lugar una ola de inmigraciones judías desde Rusia y Europa a la región de Israel, surgió Tel Aviv y se construyeron los primeros Kibbuzim. Además, se desencadenó la Primera Guerra Mundial. El imperio otomano, o mejor dicho el resto del mismo, sucumbió. Por cuatrocientos años, la tierra de Israel se había encontrado bajo el dominio otomano, ahora fue pasado a la Liga de las Naciones como un tipo de tierra de nadie. En 1920, Inglaterra recibió el mandato sobre Palestina. Con eso, se creó el primer requisito previo para la fundación del Estado de Israel.

En la Declaración Balfour de 1917, se les había dado a los judíos el derecho a una patria nacional en la región conocida como “Palestina”. La consecuencia fue, que entre 1919 y 1932 se iniciara una nueva ola de inmigraciones. Con el retorno creciente de judíos a su patria se desarrolló el conflicto judío-árabe. En el corto tiempo entre las dos guerras mundiales, los ingleses dividieron la región Palestina por consideraciones imperialistas. De la parte mayor surgió Transjordania en 1922.

Luego el régimen nazi en Alemania precipitó al mundo en una catástrofe que superó por mucho a la Primer Guerra Mundial en crueldad y víctimas. En ese tiempo, el antisemitismo llegó a su punto más alto. El terrible holocausto de Hitler tenía como meta el exterminio total de los judíos. De una manera espantosa, hizo asesinar a seis millones de judíos en campos de concentración, entre ellos, un millón de niños. El obispo evangélico de Wurtemberg, Theophil Wurm, fue uno de los pocos que tomaron una postura clara contra el nazismo. Cuando comenzaron los terribles bombardeos extensivos sobre ciudades alemanas, dijo: “¿Por qué viene este fuego del cielo? Es el castigo por lo que estamos haciéndoles a los judíos”.

El resultado de la Segunda Guerra Mundial fue exactamente lo contrario de lo que Hitler aspiraba. En lugar de la aniquilación total de los judíos, tres años después el Estado de Israel experimentó su resurrección nacional. Ezequiel 37 se convirtió en realidad: del valle de los huesos secos (Auschwitz, Dachau, Bergen-Belsen, etc.) salieron los sobrevivientes, ellos mismos cerca de la muerte. Fue como un abrir de sepulcros (vs. 11,12). Seiscientos mil judíos fundaron el Estado de Israel –la décima parte de las víctimas judías asesinadas bajo el régimen de Hitler.

La fundación del Estado de Israel nos deja ver cómo el Dios viviente, en Su soberanía, utiliza lo dirigido en contra de Él para llegar a sus objetivos. El hombre que quería el exterminio total del judaísmo tuvo que contribuir a que Israel experimentara su resurrección. Y cuando los países árabes vecinos en 1948 atacaron al joven Estado judío en la guerra de independencia, los primeros aviones de combate de la fuerza aérea israelí eran cazadores del tipo M 109 modificados de producción checa. Con eso, el avión de combate estándar de la fuerza aérea de Hitler tuvo parte determinante en la defensa de la existencia de Israel. ¿Cómo dice en el Salmo 2? “¿Por qué se amotinan las gentes y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes conspirarán contra Jehová y contra su ungido, diciendo: ‘Rompamos sus ligaduras y echemos de nosotros sus cuerdas.’ El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos.”

En la resurrección del Estado y pueblo de Israel vemos una señal impactante del cumplimiento de la profecía bíblica. La primera fase de Ezequiel 37 se ha vuelto realidad. Los huesos secos se han reunido y carne y piel ha crecido en ellos. Ahora esperamos el cumplimiento de la segunda fase: la redención de Israel y la conversión y renovación espiritual que lo acompaña, a través del Señor que viene otra vez. Nuestro Señor aquí cumplirá Su palabra, y eso podría ocurrir muy pronto.

“Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová” (Ezequiel 37:13-14).

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