El comienzo de la desintegración de la UE

Fredi Winkler

La salida de Gran Bretaña de la Unión Europea es definitiva, ya no hay vuelta atrás, dijo la primera ministra británica, Theresa May. En realidad, no debería sorprendernos el comienzo de la desintegración de la UE, ya que Dios la predijo hace más de 2,500 años, a través del profeta Daniel. En Daniel 2, en los versículos 40 a 45, encontramos la interpretación de Daniel acerca del cuarto de una secuencia de imperios que el rey Nabucodonosor había visto en un sueño.

Allí vemos el último imperio mundial, Roma, el cual sigue existiendo en diferentes formas hasta el fin, es decir, hasta el regreso de Jesucristo.

La última forma en la que aparece es representada por los pies y los diez dedos hechos en parte de hierro, en parte de barro. Daniel explica que, así como el hierro y el barro no se pueden mezclar, tampoco seguirán unidas las diferentes partes del imperio en su forma final.

El versículo 43 es especialmente significativo al respecto. Allí leemos que se mezclarán por medio de alianzas humanas, pero no se unirán de verdad.

¿No estaba casi toda la nobleza europea emparentada por uniones matrimoniales? Estas relaciones parentales, sin embargo, no pudieron impedir la Primera ni la Segunda Guerra Mundial.

A causa de la actual flexibilización de las fronteras en Europa, presenciamos hoy allí un cóctel de nacionalidades nunca antes visto en toda la historia de la humanidad. Pero podemos afirmar, con base en la Santa Escritura, que esta mezcla no llevará a la unión duradera de Europa o del mundo occidental, ni tampoco a la tan propagada unión global, porque Dios tiene otros planes.

Dios está construyendo Su Reino, el cual durará para siempre. En la agenda de Dios, no está como próximo punto la unión global tan deseada por los gobiernos humanos, sino el regreso de Jesucristo con poder y gran gloria, para el establecimiento de Su Reino.

En aquel entonces, cuando el Mesías vino a este mundo, el imperio romano, dirigido por el emperador Augusto, experimentaba un auge que nunca antes se había tenido. Lo mismo pasó en Israel cuando gobernó Herodes el Grande. Con base en la profecía de las setenta semanas de años, en Daniel 9, los judíos de la época tendrían que haber sabido que el Mesías tenía que manifestarse en aquel momento. Pero, la mayoría de ellos estaban cautivados y cegados por la prosperidad de la época.

¿Cómo es la situación en el mundo cristiano actual? ¿Cuántos esperan todavía el regreso del Señor Jesucristo con poder y gran gloria? Creo que nuestra situación actual no es distinta a la de Israel en aquel entonces. Si Jesús viniera hoy, tal como vino en aquella época en Israel, probablemente encontraría en el mundo cristiano un rechazo muy parecido, y también experimentaría la resistencia del liderazgo religioso oficial.

El mundo se encuentra hoy atrapado en un remolino vertiginoso, de un proceso que nadie sabe cómo terminará. Jesús dijo que antes de Su venida se viviría una decadencia comparable a la del tiempo de Noé, por un lado, y a la del tiempo de Lot, por el otro.

El tiempo de Noé fue un tiempo en el cual los hombres ya no le hacían caso a Dios, y el tiempo de Lot se caracterizó por la decadencia ética y moral. Hoy observamos exactamente esos mismos fenómenos en todo el mundo.

También Israel quedó atrapado en este remolino del tiempo final. La condición de Jerusalén descrita en Apocalipsis 11:8–en sentido espiritual–al igual a Sodoma y Egipto, en cierto modo ya se ha alcanzado hoy. Pensemos tan solo en las marchas anuales del orgullo gay, en Tel-Aviv y en Jerusalén.

Sin embargo, el simple hecho de que exista otra vez un Estado de Israel, es para nosotros, los que conocemos y amamos la Palabra de Dios, la señal más clara y más elocuente de que realmente vivimos en el tiempo en el cual todo lo que Dios habló por medio de los profetas, se cumplirá.

Con profunda gratitud por la Palabra profética, que Dios nos ha dado como una luz en este tiempo cada vez más oscuro a nivel espiritual, les saludo con un cordial shalom!

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