El año se está acercando a su fin

Norbert Lieth

Aunque nos cueste creerlo, el año se está acercando a su fin. Es hora de preparar para los niños un calendario de Adviento, y de correr a buscar regalos para nuestros familiares, sin olvidarnos de ninguno de ellos. Pero créanme que, aunque quizá no suene así, estas tradiciones navideñas me gustan mucho. ¿Qué hay de malo en sorprender a los niños con un calendario de Adviento y alegrar a nuestros queridos con obsequios? Ciertamente nada; al contrario: soy un apasionado de la Navidad, de sus festejos tradicionales y los presentes, los cuales son una parte importante de la festividad. Sin embargo, cuando hablamos de regalos: ¿no es el amor el mayor de ellos? Sinceramente, me alegra mucho más saber del amor de mi esposa que el recibir un par de calcetines. También los niños consideran que es mucho más importante el amor de sus padres que un juguete nuevo; aunque, por supuesto, una cosa no quita la otra. En cambio, los regalos sin amor son como arroyos sin agua. Pablo escribe: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Co. 13:13).

Estas vísperas de Navidad deberían sensibilizarnos y hacer que tratemos con mucho más amor a nuestro prójimo, en especial a nuestro hermano en la fe. ¿No hay ya demasiadas contiendas, divisiones, envidias, soberbia y orgullo en nuestras iglesias? Estas son cosas que conducen al desamor.

Querido lector, no todos opinamos igual, no todas las personas nos caen bien, ni tampoco tenemos los mismos dones o conocimientos. Además, frecuentamos iglesias con diferentes estilos de adoración. Al leer la revista Llamada de Medianoche, puede que un autor te anime, mientras que otro te deje consternado y enojado. ¿Hemos olvidado que Dios no ama menos a un hermano que a otro?, ¿no recordamos que la Biblia nos advierte acerca de las envidias y los pleitos, y al mismo tiempo nos exhorta a practicar un amor incondicional? Pablo escribió: “El amor es sufrido, es benigno, el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, […] todo lo soporta” (1 Co. 13:4-7).

¿Dónde deja espacio este pasaje para las contiendas y los enojos, para la soberbia y la frialdad? Para los hermanos en Cristo, sin importar su denominación, el amor no es un deseo piadoso o una hermosa recomendación, sino un claro mandamiento. Es así que el apóstol Juan dice: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. […] En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros” (1 Jn. 4:7, 10-11).

Este, sin duda, sería un regalo extraordinario: que tratemos con amor entrañable a todos los hermanos en la fe, superando las fronteras y las diferencias. El amor puede ser ensayado y llevado a la práctica, si tan solo consideramos al otro por encima de nosotros mismos. Mi deseo para ti en esta Navidad es que alguien te haga este regalo de amor, y que tú mismo puedas sorprender y alegrar a otros con el mismo presente. Sabemos que Dios nos hizo el regalo más extraordinario y valioso que podamos imaginar: enviar a su Hijo Jesucristo para nacer como hombre.

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