Diversidad ingénue

Thomas Lieth

Pareciera que, actualmente, políticos, periodistas, pedagogos y científicos estuvieran ocupados en transformar al “gato con botas” en un héroe, basándose en un suceso verídico. Se trata del tema género y una ideología nueva, que enceguece los sentidos de la gente y desafía a la iglesia.

¿Qué contiene la ideología de género? Bajo “género” se entiende las características sexuales, es decir, la identidad sexual. Detrás de este término, se esconde el pensamiento que existan más que solo dos géneros, y que por eso, también sería totalmente normal, cuando una familia contiene más de lo que era la norma hasta ahora. No obstante, allí no se trata solamente de una opinión o de un estilo de vida personal, sino más bien de un intento dictatorial de anclar esta ideología por medio de leyes para hacerla válida universalmente. Y también, para denunciar como difamadores, homofóbicos, de extrema derecha y racistas a todos los que no consideran que eso sea normal.

En el contexto de las clases de educación sexual de género, se quiere lograr que este modo de pensar – en forma de una verdadera re-educación – les sea apetecible cuanto antes posible. No solamente se enseña que no es una vergüenza ser homosexual –oh no, más bien se les recomienda a niños y niñas a llevar un estilo de vida bisexual. A esto, se le agrega un lenguaje y una ortografía neutral en materia de género, es decir diversa en materia de género, que verdaderamente desfigura un texto y que echa a perder el lenguaje. Sin embargo, esto todavía es lo más inofensivo, si bien enervante.

Pero lo que ya no es inofensivo, es el intento de imponer esta ideología, en contra de todo sentido común, a toda una sociedad juntamente con nuestros hijos. El Parlamento de la UE decidió el 1º de marzo 2018, por ejemplo, que las escuelas en los respectivos países miembros deben llevar a cabo la educación sexual sobre la base de género. Eso significa que los estudiantes deben aprender que existen más que solo dos géneros y que todas las prácticas de vida y de amor –ya sea dentro o fuera del matrimonio– son equivalentes. Del lado alemán, fueron tan solo políticos del AfD y un solo representante de la fracción CDU/CSU que votaron en contra de eso. Una educación sexual de género tan comprometida infringe contra la constitución alemana, ya que la ideología de género no se puede basar en conocimientos científico-antropológicos (la ciencia del ser humano y su desarrollo). No es otra cosa sino una cosmovisión, que además desafía todos los hechos.

Justamente después de las experiencias sacadas del llamado Tercer Reich, con su ideología de raza igualmente no-científica, en las instituciones educativas alemanas, por buenas razones, reina una estricta prohibición de ideologías. Pero como ya ha sucedido en otras áreas – pensando en la práctica común de aborto y la implantación del “matrimonio igualitario” –también aquí se pisotea la constitución. En realidad, es absurdo que Alemania se someta a este dictado de manera casi inadvertida e indiscutida. Los patriarcas de la constitución básica estarían horrorizados si tuvieran que ver, que en la mayoría de los asientos del Parlamento Federal y del Consejo Federal, hay personas que sacrifican soberanía y constitución estatales para consagrarse a una ideología totalmente absurda, y eso en todo el sentido de la palabra según el lema: “Cueste lo que cueste”.

El escándalo es que la ideología de género en Alemania, además de todo, es fomentada por el Estado con dinero de impuestos. Para muchas obras de construcción, les falta el dinero a las comunas, pero en doce estados federados se dispuso de unos 15 millones de euros para proyectos como: “Para la aceptación y los derechos iguales”, “Aceptación de diversidad sexual”, “Contra homofobias, transfobias e interfobias”, “Juntos para la diversidad”, “Aceptación de la diversidad de proyectos de vida”, “Programa de acción para la aceptación de lesbianas, homosexuales, bisexuales, transgéneros, transexuales y personas unisex” y “Diversidad real –plan de acción para la aceptación de identidades sexuales diversas”; el final del asta de la bandera no es previsible. Los pioneros aquí son en primer lugar los gobiernos federales donde los Verdes gobiernan, es decir colaboran a gobernar, pero entretanto, también todos los demás partidos que gobiernan son multicolor y diversos, y ocupados con alegría en prácticamente tirarles el dinero de la mayoría a un grupo de presión minoritaria.

Con esta diversidad y el esfuerzo intenso por aceptación forzada, parece que ya es solo un paso pequeño hacia la normalización de la poligamia y la pedofilia. Sodoma y Gomorra envían saludos cálidos. No es comprensible todo eso. Por un lado, se quiere a toda costa abolir la separación de género, de modo que dos baños se conviertan en uno para todos (lo que ya existe), y por el otro, lado ahora ya tenemos más denominaciones de género de lo que el ejército federal tiene de helicópteros operativos. En Facebook, por ejemplo, existen 60 posibilidades de selección diferentes para definir su género. Hombre o mujer, eso fue ayer. Hoy también están a elección términos insustanciales como “andrógino”, “bigénero”, “transfemenino”, “inter”, “ni uno ni el otro” (lo que personalmente encuentro muy interesante), “hermafrodita”, “no binario” y muchos, muchos más.

Lo alarmante de esto es que incluso representantes de iglesias entonan la misma partitura, presentan unas palabras de saludo en manifestaciones tales como el ­Christopher-Street-Day (una manifestación de personas lesbianas, gays, bisexuales y transexuales y sus aliados), y participan con su propia carroza abigarrada. Ahora ya incluso se ofrece, no solo en las iglesias nacionales, sino ya también en la iglesias libres, seminarios y cultos sobre temas como “La Cruz y los queer” y “Porqué es bíblico aceptar personas con diversas orientaciones sexuales” (ejemplos de la iglesia evangélica-metodista). Y desde que incluso la bandera del arco iris (distintivo de activistas homosexuales, lesbianas, etc., etc.,) adorna el culto, las iglesias y las congregaciones quizás pronto también comiencen con la prostitución sagrada. Lo que Dios piensa de todo eso, parece que ya no importa (cp. Ro. 1:22-27).

Un escándalo más es aquel, que en el contexto del Christopher-Street-Day, en las agencias federales alemanas cada vez más se iza la bandera del arco iris, lo que también es una clara infracción contra las leyes vigentes. Porque el abanderamiento en un Estado como Alemania, en el cual no hay nada que no esté reglamentado, está claramente fijado en un decreto de abanderamiento y un “decreto sobre las banderas alemanas”. Está formulado legalmente, cuándo, en qué orden y cuáles banderas pueden ser izadas. De una bandera de arco iris no se habla en ninguna parte, y una contravención es una infracción evidente contra dichas normas y decretos. Que esta infracción no solamente sea tolerada, sino incluso activamente practicada por nuestros políticos, revela la obvio no existente fidelidad a la constitución de los llamados representantes del pueblo, a quienes parece serles más importante una prohibición de conducir vehículos diesel y el grado correcto de la curvatura de un pepino, que el cumplimiento de la constitución.

Que la inobservancia de las leyes llegue a aumentar excesivamente, probablemente es lo sabe cada persona que lee la Biblia. Esto no trata de un aumento de robos y criminalidad mayor, sino de una inobservancia de las leyes, tolerada e incluso practicada por el Estado, en lo cual, lo bueno es declarado malo y lo malo por bueno. Lo que vivimos en la actualidad es el resultado de cuando ya no se toma en serio la Palabra de Dios o incluso se la desecha totalmente. Es la inmoralidad de la anarquía la que se encuentra detrás del pensamiento de género (cp. 1 Co 6:9-10).

En Alemania, en el contexto de este deslumbramiento espiritual, es la voluntad política de todos los partidos, con excepción del AfD, reemplazar los términos específicos de género por palabras neutrales. Así es que ya no habrá un marido ni tampoco un padre, no una esposa y madre, sino ya solamente un cónyuge (lo que también podría ser un conejo), progenitor, progenitor1 y progenitor2… y quién sabe qué más se les ocurrirá a los acróbatas de palabras vacías.

En una aldea que conozco, recientemente, se ofrecieron lugares de trabajo. Y detrás de la profesión no solamente estaba el superfluo m/f, sino m/f/i. Al principio pensé, que esas letras representarían cualidades, pero muy pronto entendí que la I no significada inteligencia, sino inter sexual. Parece que no falta mucho hasta que también en este respecto se introduzca una regulación de cuotas.

Para anclar la corriente principal de género cada vez más profundamente en la conciencia social, en Alemania, entretanto, están operando unas 1,900 oficinas comunales de equiparación –por supuesto a expensas de los contribuyentes– que llevan la propaganda correspondiente a instituciones educativas y administrativas. Cátedras para llamados Gender Studies (estudios de género) proliferan como setas. Ahí los científicos elaboran, entre otros, aquellos conceptos que les son trasmitidos a los futuros maestros y educadores en el estudio pedagógico. En dichos conceptos, no solamente se cuestiona el género natural como varón o niña, sino que incluso es demonizado como “biologismo” peligroso. En otras palabras: “Mi hijo tiene que decidir por sí mismo, si desea crecer como niño o como niña”. Eso tiene bastante poco que ver con la ciencia, y tampoco es “normal” que se diga, porque si lo fuera, difícilmente se necesitaría tanto dinero y esfuerzo para implantar estas medidas de reeducación totalitaria en la sociedad. Es más bien el intento de eliminar el orden de la creación de Dios. Con este objetivo, nuestros hijos son entrenados intensivamente en cuanto a que la familia natural, consistente de hombre y mujer, representa una forma de vida obsoleta; y especialmente, en un matrimonio vinculante. En lugar de eso, declaran como “familia nueva” a las parejas homosexuales –y a mucha diversidad más. Esto, de hecho, deberíamos tenerlo claro también, cuando nuestros políticos hablan de política de familia. Porque bajo “familia”, la élite hoy entiende algo completamente diferente de lo que en realidad significa.

Y eso que solo la familia tradicional sirve como fundamento para la continuidad de nuestra sociedad. Todas las demás formas puede que sean placenteras, sin embargo, carecen de todo provecho social. Y solo aquello que sirve al público en general también debería ser fomentado y, sobre todo, protegido por el Estado. Los patriarcas de nuestra constitución básica tenían justamente eso en mente, cuando proveyeron a la familia y al matrimonio con privilegios correspondientes. Después de todo, sin la familia tradicional no habría futuro, no habría descendencia, ni jubilaciones seguras; no habría expertos, ni seguros sociales,… En este sentido, todos los que con tanta vehemencia se expresan a favor de una sociedad multicolor, diversa y queer y la practican, en realidad son parásitos que se dan una linda vida a cuestas de las familias. Eso no tiene nada que ver con el amor, sino que es egoísmo puro. Sí, el mundo habla mucho de amor, pero se refiere a placer. Habla de diversidad y quiere decir arbitrariedad. Habla de libertad y se refiere a un carácter no vinculante.

Significativamente, aquellos que se esfuerzan tan radicalmente a favor de los supuestos derechos de toda forma de vida, al mismo tiempo, son los que apoyan el aborto de vida indefensa; y eso, además, bajo el término de los derechos de la mujer. Son aquellos que desean desterrar a la cruz de todos los edificios públicos; y eso, bajo la justificación poco creíble de la libertad de religión. Son los mismos que le disputan a Israel su pretensión de Jerusalén, y son aquellos que propagan con fervor la teoría de la evolución, y estigmatizan a todo aquel que todavía crea en la obra de la creación de Dios. Sencillamente son aquellos que quieren destruir todo lo que señala al único y verdadero Dios creador; y entre esas cosas, también están el matrimonio y la familia.

Dios sencillamente creó a los humanos como hombre y mujer, y eso por una muy buena razón (Gn. 1:27). Si la constitución básica alemana coloca esta unión entre hombre y mujer bajo su protección especial, entonces, en esta medida, se basa en el mandamiento bíblico que protege el matrimonio. Es así como en el artículo 6 de la constitución básica de la República Federal de Alemania dice, entre otros:

“1) Matrimonio y familia se encuentran bajo la protección especial del orden estatal.
(Que esto se refería sola y únicamente a la unión entre hombre y mujer, no se debía a la falta de previsión, sino a la obviedad de matrimonio y familia).

2) Cuidado y educación son el derecho natural de los padres…
(Este derecho se les está quitando más y más a los padres).

4) Cada madre tiene derecho a la protección y la asistencia de la comunidad.”
(También de esto estamos más lejos que nunca, en cuanto a que las madres que están educando a sus hijos y que se han propuesto la responsabilidad de cuidar a su familia en casa, son descalificadas como inferiores, retrógradas y anticuadas.)

El matrimonio disfruta de un alto valor en el orden de la creación de Dios. Es así como uno de los Diez Mandamientos de Dios dice: “¡No adulterarás!”, que encuentra su suplemento con: “No codiciarás la mujer de tu prójimo…” (Éx. 20:14,17). Pero en un tiempo de egoísmo ilimitado, de enamoramiento de sí mismo, de impiedad y falta de valores, se entiende que la unión vinculante entre hombre y mujer molesta (cp. Gn. 2:24 y Mt. 19:4-6).

¿Cómo lo dijo en su tiempo el autor británico George Orwell? “Cuánto más la sociedad se haya alejado de la verdad, tanto más odiará a aquellos que la expresan.” Y en Proverbios 14:2 dice: “El que camina rectamente teme a Jehová, pero el de caminos pervertidos lo menosprecia”. El Señor Jesús ya les dejó claro a Sus discípulos: “Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros… por eso el mundo os odia… Si a mí me han perseguido, también a vo­sotros os perseguirán… Pero todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado” (Jn. 15:18-21).

Lo que necesita nuestra sociedad no es diversidad, sino perdón. Y justamente esto debería ser nuestra oración, para todos nuestros políticos, para nuestros maestros, los representantes de nuestras iglesias, y en definitiva, para la sociedad. Y en todo esto, no debemos olvidar que Dios llega a su meta a pesar de todo.

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