Cuando muere la risa

Norbert Lieth

Fue una noticia triste, que sacudió a Suiza: Spidi, alias Peter Wetzel (51), el payaso conocido y popular del circo nacional suizo, falleció en julio del 2018, por un suicidio. Algunos pensamientos.

Spidi hacía reír a miles. Una hora antes de su suicidio, todavía habrían bromeado y reído juntos, informó más tarde una persona de su confianza. Y un amigo dijo: “cuando se le habría preguntado a Spidi cómo estaba, siempre se recibía la misma respuesta: ‘Yo estoy bien’.”

¡Qué acertadas parecen ser las dos afirmaciones siguientes: “algunos solo ríen para no llorar”, y: “no todo el que ríe está alegre”! O para expresarlo bíblicamente: “Aun en la risa, el corazón puede tener dolor, y el final de la alegría puede ser tristeza” (Prov. 14:13).

No se sabe cuáles habrían sido las razones específicas para el suicidio de Spidi. Sin embargo, es admisible concluir que la desesperanza, la desilusión y la tristeza habrían caído sobre su alma. Niños y adultos lo amaban, estaba acostumbrado al aplauso y había amigos que lo rodeaban. No obstante, esta gente aparentemente no sabía nada del gran pesar que había en su corazón. Ellos lo conocían por fuera, pero no la pena de su alma. Aparentemente, nadie fue tan cercano a él, para que le hubiera podido confiar esa pena.

“El corazón conoce la amargura de su alma; y extraño no se entremeterá en su alegría” (Prov. 14:10).

El payaso amable y simpático no estaba realmente contento. Algo esencial le faltaba; quizás una persona en quien hubiera podido confiar. Pero, después de todo, un payaso no debe mostrar su tristeza y su pena. Él tiene la obligación de poner a mal tiempo buena cara. ¿Quién podría soportar eso? ¿Quién entendería esa verdad? Tienes que reír, no importando cómo te sientes.

“El ánimo del hombre soportará su enfermedad; mas ¿quién soportará al ánimo angustiado?” (Prov. 18:14).

Y aquí llegamos al Hijo de Dios, Jesucristo. A Él pueden venir las personas, a Él le pueden confiar sus problemas y decirle todo, delante de Él nadie necesita avergonzarse. Él no rechaza a nadie. Él da ayuda, perdón y valor, ánimo para vivir y respeto. Con Él se puede hablar y descargar el corazón delante de Él. Podemos compartir el gozo y la pena con Él.

“Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (Sal. 16:11). Este versículo es citado por Pedro en el Nuevo Testamento: “me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia” (He. 2:28).

Pedro conocía a su Señor. Él Lo había negado y Le había fallado en tantas otras situaciones. Pedro estuvo desilusionado consigo mismo y seguramente también con las personas que lo rodeaban y con quienes compartía la vida diaria. Pero Jesús no lo había abandonado a pesar de todo eso, sino que lo había llamado a algo mucho más sublime.

Hay mucha gente que, como Spidi, sufren o han sufrido. Ellos se van sintiendo solos, ya no pueden con la vida; en todo lo que hacen, ya no le ven sentido. Ellos siguen jugando, hasta que ya no puedan más. Ellos se engañan a sí mismos y a otros, y no se les toma en serio realmente. Algunos han probado muchas cosas, pero lastimosamente aún no han llegado hasta Jesús. Quizá, porque nadie en su entorno le haya hablado de Él. Quizá, porque Él no haya sido tomado en cuenta por otros, o se hayan burlado de Él. Quizá, porque se les haya trasmitido una imagen falsa, incluso insensible, de Jesucristo.

Pero, planteémonos la pregunta, de qué es lo que significa concretamente que Dios sea real como creemos:

Si Dios fuera real…
…todos seríamos seres creados por Dios.
…estaríamos vivos porque Dios así lo habría querido.
…debería haber un Dios que nos ama.
…entonces Dios estaría muy cercano a nosotros.
… después de la muerte no habría terminado todo.
…existiría un cielo en el cual podríamos entrar.
…uno podría ser redimido para el cielo.
…la venida de Jesucristo al mundo tendría sentido.
…la muerte de Jesús y Su resurrección de los muertos sería la solución.
…tendríamos un lugar de refugio.
…podríamos confesarle todo a Jesús y hablar con Él.

El acto sumamente triste del suicido no es una solución, si Dios es real. Porque Él existe, podemos ir a Él para decidirnos por la vida. Quien viene a Jesús, vivirá. Él dice: “porque yo vivo, vosotros también viviréis” (Jn. 14:19).

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