Cómo se relaciona el LGBT con el fútbol

Thomas Lieth

Hungría está siendo criticada por aplicar leyes supuestamente discriminatorias. Esta situación es considerada tan grave que algunos protestaron contra estas leyes en el marco de la Eurocopa (torneo internacional de fútbol). Ahora, ¿qué ocurrió en realidad? A continuación, daremos una mirada hacia el fondo del asunto desde un punto de vista cristiano.

La agresividad con la que se difunde la ideología LGBT1 quedó demostrada durante el último Campeonato Europeo de la UEFA. El ayuntamiento de Múnich, ciudad sede del partido entre Alemania y Hungría, solicitó a la UEFA el permiso de iluminar el estadio con los colores del arcoíris, con la intención de enviar “una señal ampliamente visible de los valores que tenemos en común”, como justificó el alcalde de la ciudad en una clara provocación al Gobierno húngaro. La UEFA rechazó la solicitud por razones políticas, aunque de inmediato aclaró que comparte la cosmovisión del movimiento LGBT. Fue así como la mayoría de los anuncios publicitarios de los tableros perimetrales a la cancha llevaban sus colores.

El factor desencadenante fue una ley aprobada poco antes por el Parlamento de Hungría que prohibía la “promoción de la homosexualidad y el cuestionamiento de la identidad sexual frente a los menores”. Lo que el Parlamento hizo no fue otra cosa que proteger a los niños y jóvenes de la sexualización temprana y la propaganda de género. La ley fue introducida por la vía democrática y cuenta con el amplio apoyo de la población húngara. Viktor Orban, primer ministro de Hungría, argumentó: “La libertad del individuo es un gran bien, pero la educación sexual de los niños en desarrollo pertenece a los padres. Protegeremos el derecho de los padres”.

Es interesante observar cómo en mi país, Alemania, la Constitución también prevé que la crianza de los niños es derecho y responsabilidad de los padres (artículo 6 de la Ley Fundamental). Hasta no hace mucho, la postura tomada por el Gobierno húngaro era el consenso general en todos los países europeos. Sin embargo, desde hace algún tiempo se impone con mayor fuerza un espíritu anticristiano, que tiene como objetivo torpedear los valores bíblicos y censurar a quien se oponga a este devastador zeitgeist [término alemán, que significa “el espíritu de la época”, NdelT].

¿Derecho al matrimonio igualitario?
Un punto importante en la lucha actual contra los valores cristianos –que en última instancia equivale a una revolución cultural– es la destrucción del matrimonio [tradicional] y la familia. Pensemos en la introducción del matrimonio igualitario y la feroz lucha por la legalización del aborto en cualquier instancia del embarazo. La organización juvenil alemana Grüne Jugend (Juventud Verde), enfocada en la ideología de la política verde, pedía la abolición del matrimonio en 2017. Llama mucho la atención el hecho de que se luche a favor del matrimonio igualitario, para luego abogar por su abolición. En otras palabras, la propuesta “matrimonio para todos” tiene la intención de propagar un “virus” que lo extermine. Esto nos muestra que el verdadero enfoque está en disolver esta institución, y no tanto en el matrimonio como tal o en la igualdad de derechos. Su propuesta es un troyano que se introduce en el sistema de nuestra sociedad.

Además, la Juventud Verde apela a la superación de la bisexualidad y la consiguiente supresión de los términos hombre y mujer establecidos en la Biblia: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gn. 1:27).

¿Derecho al aborto?
El intento de permitir todo tipo de aborto hasta el noveno mes de embarazo es otro ataque a la ética cristiana del mundo occidental. El Parlamento Europeo ya ha exigido varias veces la legalización del aborto y ha presionado a sus Estados miembros para que lo legislen en sus países. También el partido Los Verdes exige en su programa básico, incluido en el “derecho de autodeterminación de las mujeres”, el derecho absoluto e irrestricto al aborto, lo que implica a su vez que los prestadores de salud asuman los costos y que cada vez sea más difícil que los médicos se nieguen a practicarlo.

Lo que la Palabra de Dios dice respecto a los niños no nacidos ha quedado en el olvido: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué” (Jer. 1:5); “Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras” (Sal. 139:13-14a).

¿Derecho a la perversión?
Además de los llamados “derechos de las mujeres” –¿será que acaso hay alguien que quiera ir en contra de los derechos de las mujeres?–, tenemos los “derechos de los niños”. Parece que se quisiera confrontar a los niños con todas las formas posibles de sexualidad a una edad temprana, preferiblemente desde el jardín de infantes, con el propósito de concientizarlos de que toda opción y práctica sexual está permitida, que es normal e incluso deseable. Aunque se diga que el objetivo es promover la tolerancia y reducir los prejuicios, parece más bien un intento de reeducar a los niños y hacer que todo tipo de perversión sea accesible para ellos. Si es necesario, lo harán ¡incluso en contra de la voluntad de los padres! Sin embargo, tal cosa no solo va en contra de los intereses de la familia, regularizados por la Ley Fundamental, sino que corresponde a un auténtico lavado de cerebro.

Por ejemplo, “Blue’s Clues and You!”, un programa estadounidense de Nickelodeon en YouTube, celebró el Pride Parade (desfile de gays y lesbianas) en un video de dibujos animados, con un drag queen (hombre vestido de mujer) cantando y presentando, entre otras cosas, a los populares personajes de los dibujos animados Beaver como una familia transexual, con el hijo luciendo con orgullo las cicatrices de la cirugía de reasignación de sexo. Bajo la etiqueta “derechos de los niños” se aspira precisamente a esto –¿será que acaso hay alguien que quiera ir en contra de los “derechos de los niños”?, volvemos a cuestionar–.

Es absurdo que, por un lado, se critique la mutilación genital femenina, prohibida de hecho en la Unión Europea, pero al mismo tiempo se permita a los menores extirparse los genitales y someterse a tratamientos hormonales con consecuencias imprevisibles. No obstante, a esto le llaman “derecho de autodeterminación”, y cuenta con un amplio apoyo político en Alemania. ¿Acaso hay alguien que quiera ir en contra al derecho de autodeterminación?

Es precisamente contra estas prácticas, promovidas y exigidas con mucha determinación por la Unión Europea, que se rebela Hungría. Un país que es denunciado como homófobo y racista, aunque solo haya aprobado una ley sobre un tema acerca del cual, hasta hace poco, había un consenso general en todo el mundo: el de proteger a los niños, prohibiendo que alguna organización imponga, contra la voluntad de los padres, su cosmovisión a los menores. El Estado húngaro intenta proteger el bienestar de los niños y los derechos de los padres, ¿qué tiene esto de malo?

El hecho de que la Unión Europea ponga en duda el Estado de derecho húngaro –siendo Alemania la primera en hacerlo– por creer que sus políticas no se ajustan a las ideas “libres y abiertas” de esta comunidad política, no solo es una impertinencia, sino una distorsión de los hechos. No es Hungría la que se equivoca, sino la Unión Europea, con Alemania a la vanguardia. Es esta organización internacional la que transita por un camino peligroso, siniestro y anticristiano, que puede calificarse incluso de esquizofrénico y diabólico. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, lo llevó al extremo, diciendo: “Esta ley húngara es una vergüenza”. 

La cuestión que debemos plantearnos es si los que ahora están tan dispuestos a llevar la bandera arcoíris por todos lados, que se conforman al movimiento y se dejan usar por este, son conscientes de lo que el arcoíris representa en última instancia. Contrariamente a su propagación como símbolo de diversidad, respeto, apertura mundial, tolerancia, autodeterminación y libertad, es en realidad la bandera de un movimiento intolerante y agresivo en extremo (financiado además con el dinero de los contribuyentes), que intenta tergiversar el concepto del hombre como se describe en las Escrituras. Es significativo que, en el transcurso del Desfile del Orgullo, columnistas de periódicos con prestigio internacional, como Lauren Rowello en el Washington Post o Joseph J. Fischel en el Boston Review, defiendan de manera pública que los niños deben ver relaciones sexuales entre personas del mismo sexo (y todas las demás perversiones), con el fin de contrarrestar la homofobia y el racismo. 

No se trata aquí de tolerancia, sino de destrucción; no se trata de autodeterminación, sino de arbitrariedad; no se trata de lo correcto, sino de lo inmoral. No se trata de progreso social, sino de un retroceso a la época de Sodoma y Gomorra. Se trata de una transformación radical de nuestra sociedad y su base cristiana. Se pretende derribar y destruir los valores que por siglos han contribuido de forma significativa al bienestar de los pueblos. Este es el programa de un amplio sector político en Alemania que lo resume con el nombre “autodeterminación para todos”, donde el orden natural y biológico que distingue entre hombre y mujer es desechado como modelo. Estamos ante una verdadera revolución cultural –esto, precisamente, es lo que representa la bandera arcoíris.

“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos […], aborrecedores de lo bueno […], impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios […], arrastradas por diversas concupiscencias” (2 Ti. 3:1 y ss).

¿Derecho a propaganda?
El grupo de presión LGBT es cada vez más descarado y se ha infiltrado en todos los niveles de la sociedad. Ya es común que las nuevas películas, programas de televisión, o anuncios publicitarios hagan mención de forma positiva a las relaciones homosexuales, al menos subliminalmente. Disney+, el canal de pago en donde es posible ver en línea muchas películas de Disney, celebró de forma descarada el mes del orgullo gay del movimiento LGBT. Parece ser una regla presentar al menos una relación homosexual en todas las series infantiles nuevas, como algo positivo y normal (estos son los casos de Los campeones (The Mighty Ducks) y Big Shot: entrenador de élite, entre otros).

Prácticamente ya no existe ninguna empresa, institución o centro educativo que no adopte la agenda lgbt. Empero, quien piense que los grupos de lesbianas y gays se conformarán con su omnipresencia está muy equivocado. Se observan cada vez más intentos de poner su sello queer en el deporte y de instrumentalizarlo para su agenda, mientras que el deporte debería unir a los pueblos, no dividirlos.

Contrario a esto, las campañas de propaganda LGBT –como ocurrió en Alemania durante la Eurocopa– tienen exactamente el efecto contrario. Polarizan, discriminan, insultan, marginan y no tienen parangón en cuanto a la arrogancia moral. En realidad, resulta escandaloso que una organización abuse de un evento deportivo con fines propagandísticos y que los atletas, políticos y dueños de los medios de comunicación, principalmente alemanes, se dejen usar para este fin.

Manuel Neuer, por ejemplo, fue elogiado por tener el valor de llevar puesto un brazalete de capitán con los colores del arcoíris durante la Eurocopa. En las ligas de fútbol alemanas ya era habitual llevarlo, y en algunos estadios los banderines de las esquinas estaban decorados con los mismos colores. Sin embargo, ¿qué valor tiene nadar a favor de la corriente, sabiendo que uno nunca tendrá que enfrentar represalias y que será cortejado por todas las partes (medios de comunicación, deporte, cultura, política y sociedad) por defender la diversidad social? El que de verdad ha demostrado valentía es el Gobierno húngaro, que no se dejó chantajear por la Unión Europea ni por los activistas y autoproclamados moralistas, posicionándose a contracorriente, con el fin de proteger a los niños y el bienestar de la familia.

La diferencia de la presentación de Manuel Neuer, las declaraciones del exentrenador de arqueros del Hertha BSC, Zsolt Petry, de nacionalidad húngara, fueron también muy valientes. En una entrevista para un periódico hizo comentarios críticos sobre la política migratoria de la Unión Europea y su compromiso con el movimiento lgbt, por lo cual fue removido de su cargo a causa de sus supuestas declaraciones homófobas. En otras palabras, su valor en dar simplemente su opinión y no ir con la corriente, le costó su puesto de trabajo.

Todo deportista, artista, reportero, soldado, policía, funcionario y político sabe que, si hace declaraciones críticas que van contra la opinión pública, que se impone de manera casi dictatorial, tendrá que volver a empezar su carrera en el peldaño más bajo de la escala profesional, si es que se le da esta oportunidad. De nuevo, ¿qué es ser valiente?, ¿izar banderas multicolores y hablar por los medios, proclamando lo estupendo que es el movimiento lgbt, o expresar su sincera crítica y señalar que las cosas se están yendo claramente de las manos? Imaginémonos que Manuel Neuer hubiera llevado, en lugar de ese brazalete, uno con una cruz y la inscripción “Jesús vive” o “Sí a la vida”.

Eso sin duda, sí habría sido muy valiente.

1 LGBT proviene del inglés lesbian, ‘lesbiana’; gay, ‘homosexual’; bisexual, ‘bisexual’ (inclinación sexual por diferentes sexos), y transgender, ‘transgénero’ (persona que no quieren ser asignadas a ningún género [sexo]). Existen otras siglas más largas.

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