Canto congregacional – ¡¿prohibido?!

Roger Liebi

Roger Liebi se pronuncia acerca de la pregunta, de cómo nosotros como cristianos y congregaciones debemos tomar la prohibición del canto congregacional. Los principios bíblicos que derivan de pasajes correspondientes a la sujeción bajo las autoridades, en conexión con los principios de la ley antiguotestamentaria y su interpretación en los evangelios, llegan a ser de gran actualidad para la discusión momentánea de la crisis del coronavirus.

Romanos 13:1-7: «Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme, porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo. Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra».

Romanos 13:1-7 muestra claramente los siguientes principios: 

(1) La obediencia frente al gobierno: «Sométase toda persona a las autoridades superiores» (v. 1a).

(2) Las autoridades fueron establecidas por Dios (v. 1b). 

(3) Quien se opone a las autoridades, resiste así a las disposiciones de Dios (v. 2). Lo interesante de esto es que, en el tiempo de la redacción de Romanos 13, era el Emperador Nerón quien tenía el poder en el imperio romano. Él era un tirano terrible, sanguinario y horrible. A pesar de eso, este tirano proveyó estabilidad en un imperio gigante, además de todas las injusticias terribles que también cometió. Pero a pesar de eso, dice de principio, que el Gobierno –a pesar de que en este caso se trataba de un Gobierno terrible– era legitimado por Dios. 

(4) Además de eso, el Gobierno en principio (vea v. 3) está para disuadir el mal y fomentar el bien. Eso también lo vemos en regímenes de injusticia que –aun cuando sea en una medida limitada– la injusticia es castigada y la justicia es fomentada, más allá de todo lo que se hace intencional y malvadamente. Por esto último, el Gobierno un día tendrá que rendir cuentas a Dios. 

(5) El versículo 5 enfatiza que se debe ser obediente, pero no solamente por temor al castigo, sino por causa de la conciencia. La conciencia cristiana tiene que quedar herida si alguien se opone a la autoridad y sus exigencias. Eso ya no es posible por causa de la conciencia, y solo por motivo del castigo. 

Interesante en este contexto es lo que Mateo narra del Señor Jesús en el capítulo 26 (vs. 57-68). Jesucristo se hallaba ante las autoridades judías, es decir, delante de su juez supremo, el sumo sacerdote Caifás. Uno tiene que ser consciente, sin embargo, que Caifás en realidad era un sumo sacerdote ilegal. En el tiempo de los macabeos, una familia que no procedía de la línea de Zadoc, quien era sumo sacerdote en el tiempo de David, se hizo de la función de sumo sacerdote contra la orden bíblica, según la cual solamente descendientes de Zadoc debían ser sumo sacerdotes. Evidentemente Caifás no era descendiente de Zadoc, de modo que en realidad ocupaba el cargo sobre una base ilegítima. A pesar de eso, el Señor Jesús reconoció su autoridad. Jesucristo no dio respuesta alguna a las preguntas del Sanedrín; pero cuando el sumo sacerdote lo puso bajo juramento (según Números 5:21 se podía hacer eso, y entonces el acusado estaba obligado a responder), el Señor le contestó. 

Todo eso nos ayuda con regímenes que pueden ser criticados con todo derecho. Recuérdese también al Rey Saúl, un gobernante según los pensamientos de la gente y no según el plan de Dios. A pesar de eso, David reconoció a Saúl (como «ungido del Señor») y nunca le resistió, en el sentido de querer deshacerse de él o de ponerle la mano encima, sino que su conciencia inmediatamente quedaba herida cuando sus hombres querían incitarlo en esa dirección. 

Otros pasajes: Tito 3 y 1 Pedro 2 - «establecimientos humanos»

Tito 3, a partir del versículo 1 también dice muy claramente que se debe estar sujeto a gobernantes y autoridades, y obedecerles. Allí Pablo lo conecta con nuestro testimonio como cristianos nacidos de nuevo. En este asunto se trata exactamente de mostrar que como cristianos, ya no somos como la gente de este mundo; ya no como éramos antes de nuestra conversión. 

Luego leemos en 1 Pedro 2:13-17: «Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios. Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey».

Pedro también dice muy claramente que tenemos un mandamiento para la sujeción, y eso frente a «toda institución humana». El adjetivo «humana» es importante aquí, porque el errar es humano y porque debemos obedecer a pesar de eso, aún cuando el Gobierno demuestra ser humano. Por ejemplo: si viajo en automóvil y voy por una ruta que presenta un límite de velocidad de 50 km/h, si bien puedo estar convencido que en ese lugar no existe problema ni riesgo alguno en viajar a 80 km/h, debido a que los representantes del Gobierno determinaron que en ciertos lugares solo se puede viajar a 50 km/h, debemos sujetarnos a esa institución humana, aun cuando claramente puedo darme el lujo de andar a 80 km/h. 

También hay otra conexión importante con el término «institución humana». En el caso de las normativas actuales correspondientes a la lucha contra la enfermedad del coronavirus, uno puede tener una opinión diferente, y podría clasificar y sopesar la crisis humanamente de manera diferente, preferiríamos medidas distintas y nos gustaría declarar nulos ciertos reglamentos dados por el Gobierno; pero no somos el Gobierno, sino el gobernante es el Gobierno y ellos deciden. No podemos cambiar repentinamente las relaciones, sino que debemos aceptar lo que humanamente fue decidido y reglamentado por el Gobierno. 

No prestar atención a este punto desestabiliza al Estado; porque anarquía significa que cada uno hace lo que según su punto de vista es correcto; y eso no puede ser– por eso, Dios ha instituido el Gobierno para que no pueda generarse la anarquía. Un mal Gobierno generalmente es mejor que un estado de anarquía, donde reina la arbitrariedad total del individuo en la sociedad. 

Prohibición del canto congregacional – ¿obedecer más a Dios?

El Nuevo Testamento nos llama a cantar juntos en la congregación y en otras ocasiones, como por ejemplo, en Efesios 5:19-21 y Colosenses 3:16: 

«…hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones, dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, sometiéndoos unos a otros en el temor de Dios».

«La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales».

Actualmente, sin embargo, tenemos una restricción estatal con respecto al canto en la iglesia. ¿Se puede aplicar a esta medida el principio de la restricción de la obediencia frente al Estado según Hechos 5:29? «Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres».

Con este pasaje bíblico algunos argumentan que si Dios dice que debemos cantar, el Estado no nos lo puede prohibir. 

Nada de pecar 
Esto, sin embargo, es una conclusión equivocada. Este pasaje habla de que el Estado exige algo que es pecado; en este caso, se trataba de prohibir a los discípulos la proclamación del Evangelio. En una situación de este tipo uno tiene el derecho de no obedecer al Estado, porque este no nos debe obligar a pecar contra Dios. Acerca de la prohibición temporal sobre cantar en la iglesia, no se trata de que pequemos si la cumplimos. 

Mandamientos que son superiores
Alguien ahora podría decir que, a pesar de eso Efesios 5 nos llama a cantar, y este mandamiento bíblico tiene preeminencia sobre la prohibición estatal momentánea –esto también es una equivocación, porque existe una jerarquía en los mandamientos. El mandamiento acerca del sábado, por ejemplo, era sumamente importante y esencial bajo la Ley por ser la señal del pacto de Dios con Israel (vea Éx. 31). Aún así, el Señor Jesús dejó claro que la ley en cuanto a salvar vidas tiene precedencia sobre el mandamiento sobre el día de reposo. Por eso, Él explica en Mateo 12 que David y sus compañeros de armas –a pesar de no ser sacerdotes– pudieron comer los panes de la proposición. Había un mandamiento claro que esos panes solamente debían ser comidos por los sacerdotes. A pesar de eso, el sumo sacerdote dio a David y sus hombres dichos panes, porque ellos sufrían de hambre. De modo que el mandamiento de sustentar la vida era más importante que la prohibición de comer los panes de la proposición. El Señor Jesús deja claro en los evangelios, que el mandamiento en cuanto a salvar, sustentar y continuar la vida es superior al mandamiento sobre el día de reposo. 

Con respecto a la prohibición de cantar en las iglesias, se trata de una medida para hacer retroceder una pandemia; el objetivo ahí es salvar vidas–por eso es más importante que el mandamiento de alabar en la congregación. 

¿«Pero, si ni siquiera existe una pandemia de coronavirus…»?

Por supuesto que alguien puede decir: «Sí, sí, pero el coronavirus no es para nada tan grave.» Bueno, esa es una opinión personal. Aquellos que han visto lo grave que puede ser, reaccionarán de una manera diferente. La persona que alguna vez experimentó una verdadera tos de ahogo y sintió lo terrible que puede ser una infección con el COVID19 en casos individuales, llega a una evaluación totalmente diferente. Sin embargo, sigue siendo una valoración humana, pero que no nos toca a nosotros hacer, sino es al Estado –por eso tenemos que reconocer su autoridad. 

¿Y si fuera el ébola? 

Por un momento uno debería imaginarse cuáles serían las consecuencias si no estuviéramos hablando del coronavirus, sino del ébola. Creo que entonces no tendríamos ningún problema con ese tipo de medidas como la prohibición de cantar. Cuando siete de cada diez personas mueren, repentinamente queda claro: sí, es evidente que el Estado puede restringir esto y aquello; pero como el coronavirus no es tan grave como el ébola, salen a luz diversas opiniones y valoraciones. Pero para no fomentar la anarquía, debemos sostener que el Estado aquí tiene la última palabra y no nosotros–de otro modo tendríamos que habernos esforzado por alcanzar ya con anterioridad el cargo de presidente o primer ministro. 

Valoración de los mandamientos
El principio que un mandamiento puede ser valorado como más importante que otro, es uno muy importante. Acerca de los panes de la proposición dice en Levíticos 24:8-9 claramente, que los mismos solamente deben ser comidos por los sacerdotes: 

«Cada día de reposo lo pondrá continuamente en orden delante de Jehová, en nombre de los hijos de Israel, como pacto perpetuo. Y será de Aarón y de sus hijos, los cuales lo comerán en lugar santo; porque es cosa muy santa para él, de las ofrendas encendidas a Jehová, por derecho perpetuo.»

A pesar de eso, el Señor Jesús dice lo siguiente en Mateo 12:3-6 (y se refiere a lo sucedido en 1 Samuel 21, cuando David y sus hombres llegaron a Nob, al sacerdote Ahimelec, quien les dio de los panes de la proposición porque no había otro pan allí):

«Pero él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre; cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes? ¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo, y son sin culpa? Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí.»

El David hambriento pudo comer estos panes como excepción. El día sábado era un mandamiento muy importante. A pesar de eso, el Señor explica aquí (Mateo 12:5), que cada sábado los sacerdotes podían infringir el mandamiento del día de reposo, y eso para realizar los sacrificios. La razón es que el servicio del sacerdocio y el hacer los sacrificios eran superiores al día de reposo. 

En Números 28:9-10 leemos también: «Mas el día de reposo, dos corderos de un año sin defecto, y dos décimas de flor de harina amasada con aceite, como ofrenda, con su libación. Es el holocausto de cada día de reposo, además del holocausto continuo y su libación.»

Nada de acabar con mandamientos morales
Pero ahora todavía viene un punto muy importante: en el caso de estos mandamientos que Dios pone por encima de otros mandamientos, debe tenerse en cuenta que el mandamiento descartado no es una ley moral. Es decir, que comer pan en sí mismo no es malo–Se trata aquí de que David pudo comer ese pan por no haber otra posibilidad, y solo estaba el pan que estaba destinado exclusivamente para los sacerdotes. 

Pero nunca se trata que, por ejemplo, repentinamente sea posible cometer un asesinato por causa de un mandamiento superior, o mentir o fornicar. Uno no puede y no debe usar mal eso diciendo: “Sí, hay una ley superior, por eso se puede pecar”. No, sino que aquí siempre se trata de cosas que en sí no son ningún pecado moral. Cantar en sí no es algo moralmente malo, y por eso se puede dar prioridad al reglamento de salvar vidas por encima del mandamiento de cantar. 

En el tiempo de los macabeos, en el siglo II, hubo un problema enorme: en un día de reposo, los sirios asesinaron a judíos, quienes no se defendieron porque pensaban que en el sábado no se debía trabajar. Finalmente, se repensó el tema y se constató que la Biblia valora más alto el salvar vidas que el mandamiento de guardar el día de reposo. Después de eso, comenzaron a defenderse también en el sábado. 

Esta es la razón por la cual el ejército israelí también combate los días sábado: se trata de salvar vidas. Aún los ortodoxos ahí no hacen excepción alguna; también ellos deben “profanar” el día de reposo cuando se trata de proteger vidas humanas en el Estado de Israel. 

Un dato práctico con respecto a la prohibición de cantar
¿Cómo se puede tratar con la prohibición de cantar en la actualidad? En nuestra iglesia local lo hacemos de esta manera: un hermano lee la primera estrofa de una canción sugerida. Luego el pianista toca todas las estrofas de dicha canción, y los hermanos siguen el texto en su interior de acuerdo a lo que toca el pianista, de este modo uno verdaderamente puede cantar con el corazón, como lo dice expresamente Efesios 5. También cuando se canta en voz alta, lo que sucede en el corazón tiene que tener un valor muy alto. Pero mientras no se pueda cantar en voz alta, quizás uno incluso pueda concentrarse aún mejor en el texto en su interior, de modo que a esta triste restricción todavía se le puede encontrar algo positivo. Es decir, que se piense todavía más conscientemente en el texto que cuando uno canta en voz alta, porque allí a veces uno se distrae de la letra. 

«Silencio habrá delante de Ti, y alabanza.»

En el Salmo 65, en el versículo 1 encontramos una palabra profética con respecto al futuro templo en Jerusalén: 

«Silencio habrá delante de Ti, y alabanza en Sión, oh Dios. A Ti se cumplirá el voto» (NBLA). 

En la gran tribulación habrá un tiempo en que el culto a Dios ya no será posible, y eso será a causa de la profanación del Templo causada por el anticristo. Es entonces que se cumplirá este versículo del salmo: «Silencio habrá delante de Ti, y alabanza…» También entonces habrá un tiempo en que Dios les quitará a los creyentes la posibilidad de cantar, ¡pero la alabanza de los creyentes espera hasta que venga el momento, cuando otra vez sea posible en la medida correcta y completa!

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