Cada generación necesita en cierta manera una reforma

Fredi Winkler

Este año conmemoramos 500 años desde que Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg, lo que fue un factor desencadenante para la Reforma.

En la Biblia también encontramos un suceso que podríamos caracterizar de reforma. En 2 Reyes 22 y 23, el rey Josías inició una reforma en Judá, después que se encontró el – completamente olvidado – libro de la Ley en el Templo. El escriba Safán leyó el libro de la Ley para el rey. Al escucharlo, este rasgó sus vestidos, horrorizado porque se dio cuenta de que su pueblo se había alejado mucho de los mandamientos de Dios. Bajo el rey Josías comenzó, entonces, un proceso de reforma y de conversión de los malos caminos a Dios, que no tiene antecedente en la historia del pueblo de Israel.

En el caso de Lutero, también fue el estudio de las Escrituras el que le abrió los ojos para la desastrosa situación espiritual de su tiempo. Uno de sus lemas fue: “sola scriptura – únicamente la Escritura”. La Biblia tiene que ser la única base y norma de nuestra fe y conducta. En realidad, cada generación necesita en cierta manera una reforma. Los tiempos y las circunstancias cambian continuamente. Pero la situación temporaria no debe cambiar nuestra fe, sino que tenemos que juzgar lo que traen los nuevos tiempos a la luz de la eterna Palabra de Dios. Por eso decimos que cada generación necesita volver a lo que es verdadero conforme a la Palabra de Dios, para reformarse acorde con ella.

El alejarse de Dios y de Sus mandamientos, siempre tiene también consecuencias políticas. Es verdad que, a través de su reforma, Josías pudo aplacar una vez más la ira de Dios, que estaba sobre el pueblo entero a causa de la impiedad de sus reyes y conseguir un plazo de gracia. Pero después de su gobierno, el juicio de Dios vino sobre Judá, porque la impiedad bajo Manasés, abuelo de Josías, había sido tan grande que el juicio de Dios era inevitable. Poco tiempo después de la muerte del rey Josías, Dios juzgó a Judá, permitiendo que el rey babilonio Nabucodonosor deportara al pueblo y destruyera Jerusalén y el Templo.

Si bien es válido hoy en día el principio de separación entre Iglesia y Estado, un Estado, a la larga, no podrá existir sin los mandamientos justos de Dios. La búsqueda de justicia social sin tomar en consideración los grandes mandamientos de Dios, terminará siempre en un fiasco. Lo demuestran tanto la revolución francesa como también la comunista. En las dos revoluciones, los judíos desempeñan un papel importante. Creían traer la redención al mundo. Sin embargo, sin respetar los grandes mandamientos de Dios, esto nunca se logrará. Justicia social en combinación con menosprecio de la justicia y la verdad divinas, siempre tendrá que fracasar.

Es interesante ver que los judíos en todo el mundo, una y otra vez, participaron en movimientos revolucionarios, pero nunca lograron tener su propia reforma religiosa volviendo a las Escrituras. Si bien, en el judaísmo, las Escrituras, y especialmente la Torá, son muy veneradas, cuando uno lo mira de más cerca, constata que la Santa Escritura ha sido sofocada por las escrituras post-bíblicas, de modo que su significativo es meramente litúrgico. Desde este punto de vista, una reforma dentro del judaísmo sería algo muy deseable.

Con gratitud por la Biblia, la Palabra de Dios, que tenemos como fundamento para nuestra fe y para nuestra vida.

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