Cómo la inmoralidad sexual daña la cultura

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En su amplia e innovadora obra Sex and Culture (‘Sexo y Cultura’), el antropólogo social J. D. Unwin estudió a 86 sociedades (80 tribus primitivas y 6 civilizaciones conocidas), obteniendo datos sorprendentes. El teólogo Kirk Durston resume en su página web los hallazgos de Unwin: 

1. Cuando la sociedad controla el impulso sexual, se desata siempre un auge cultural. En cambio, el aumento de la permisividad sexual, siempre conduce, tres generaciones después, al colapso.

2. Resulta sorprendente que el factor más importante para el desarrollo de una cultura es, sin duda alguna, la norma social de la abstinencia prematrimonial. Su promoción o rechazo inciden profundamente en todos los aspectos culturales. 

3. Las culturas más fuertes son las que practican la abstinencia prematrimonial y la “monogamia absoluta”. Estas sociedades racionalistas están tres generaciones más desarrolladas en todas las áreas que las demás culturas, incluyendo la literatura, el arte, la ciencia, el diseño de interiores, la arquitectura, la ingeniería y la agricultura. Solo tres de las 86 culturas estudiadas alcanzaron este estatus. 

4. Cuando en una cultura la abstinencia prematrimonial deja de ser la norma, la monogamia absoluta, el deísmo y el racionalismo también desaparecen en el lapso de tres generaciones. 

5. Una vez que una sociedad pierde por completo su moral sexual, esta cultura se degenera en el transcurso de tres generaciones, hasta llegar a la crisis cultural más profunda, donde las personas no se interesan en nada más que satisfacer sus impulsos sexuales. En este punto, la cultura es generalmente conquistada o absorbida por otra con una energía social más fuerte. 

A la luz de estos hallazgos, Durston señala que ya estamos pasando por la segunda generación, luego de la revolución sexual en Occidente, donde los hallazgos de Unwin comienzan a confirmarse (véase, por ejemplo, la moda del género y la creciente influencia del movimiento lgbtq). Según los datos históricos, esto significa que, a menos que se produzca un giro radical, la cultura occidental tocará fondo en la próxima generación, siendo absorbida por una nueva cultura. Durston aclara que, aunque las leyes morales de Dios relacionadas a la sexualidad pueden impedirnos cierta satisfacción inmediata, al mismo tiempo nos resguardan de un masivo sufrimiento a largo plazo, maximizando nuestra prosperidad durante muchas generaciones.

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