“Me amaron lo suficiente como para decirme la verdad”

Avi Snyder

Un diálogo con el misionero judío-mesiánico Avi Snyder sobre las razones por las cuales los cristianos no evangelizan a personas judías, el rechazo, nuestra responsabilidad y “ejercicios de arrebatamiento”.

¿Cómo llegó usted a creer en Jesucristo?

Crecí en una familia tradicional judía en la ciudad de Nueva York. Mi descendencia judía siempre fue un componente central de mi identidad. A los veinte años de edad, me había convertido en un ateo judío. Estaba enojado con Dios por el Holocausto y por la conclusión de que mi vida no tenía sentido. Pero luego noté, que mi ira era prueba de la existencia de Dios, porque no podía estar enfurecido con alguien que no existe. En este punto de mi vida, Dios hizo que dos personas diferentes cruzaran mi camino. Ellos me conectaron con “Judíos para Jesús”, y me dieron literatura. Y Dios envió una familia cristiana no-judía a mi vida. Ellos me amaron lo suficiente como para decirme la verdad. Tuvimos muchos diálogos y leí mucho. Recuerdo un libro específico de un creyente judío llamado Arthur Kac, un autor británico que, por lo que sé, ahora está con el Señor. Un libro muy bueno que expone el despliegue de la línea mesiánica en las Escrituras. Finalmente en diciembre de 1976 supe, que el evangelio es verdad. Solo que no quise enfrentarme a las consecuencias por las consecuencias. Pero entonces me di cuenta de que, si es verdad, yo como judío tengo que aceptar las consecuencias y creer en el Mesías judío. Y así, el 14 de marzo de 1977, le entregué mi vida a Jesucristo. Retomé el contacto con “Judíos para Jesús”, y ellos me ayudaron con el discipulado y a encontrar una buena iglesia donde podía crecer espiritualmente. Poco después me casé, y un corto tiempo después mi esposa y yo fuimos llamados a unirnos al servicio misionero de “Judíos para Jesús”. De eso hace cuarenta años.

Usted mencionó el libro de Arthur Kac. Además de la Biblia, ¿habrá otros libros que hayan caracterizado su vida, su fe y su pensar?

Hubo muchos. El libro que mencioné, The Messianic Hope (La Esperanza Mesiánica) de Arthur Kac, sin lugar a dudas fue un libro muy importante en mi vida. También había dos libros de personas no cristianas que fueron un desafío para mí como no-creyente. En definitiva el Señor utilizó estos libros para llevarme a las Sagradas Escrituras. Uno es de Eli Wiesel, Die Nacht (La noche). Trata de sus experiencias como adolescente y hombre joven en Auschwitz. El otro libro se llama …trotzdem Ja zum Leben sagen: Ein Psychologe erlebt das Konzentrationslager (…decirle “Sí” a la vida de todas formas: Un psicólogo vive el campo de concentración), de Victor Frankl. Él era un psiquiatra judío que también sobrevivió Auschwitz. Además había un libro de poesías y dibujos de niños judíos del campo de concentración de Terezín (Chequia), con el título: I Never Saw Another Butterfly (Nunca vi otra mariposa). Si bien no es cristiano, la poesía tocó mi corazón, y me hizo preguntar por qué Dios habría permitido que suceda algo así. El libro de Eli Wiesel impresiona mucho porque también plantea la pregunta: ¿dónde estaba Dios? El de Victor Frankl deja claro que no podemos vivir de verdad, a no ser que tengamos una meta en nuestra vida. Dios usó todas estas cosas para llevarme a comprender que Su plan es bueno; si sabemos que Él existe, que Él tiene un plan para nuestra vida y que las circunstancias, las comprendamos o no, son parte de Su plan.

Cuando usted mira hacia atrás a su trabajo con “Judíos para Jesús”, ¿cuáles son las experiencias que más sobresalen para usted?

Hay muchas. Estoy muy agradecido al Señor por las muchas oportunidades en que pude experimentar cosas extraordinarias. Posiblemente, el acontecimiento más notable fue, cuando mi esposa y yo nos mudamos a la Unión Soviética que se estaba derrumbando, para comenzar allí el trabajo misionero de “Judíos para Jesús”. Eso fue una gran aventura, por así decirlo. Y Dios bendijo la obra abundantemente, obra que hasta el día de hoy continúa fructífera. Por Su gracia, tenemos bases y misioneros en seis ciudades y tres países de la antigua Unión Soviética. Misioneros de nuestro trabajo en la ex URSS fueron pioneros para el servicio misionero en Alemania. Y la parte dinámica del trabajo misionero de “Judíos para Jesús” en Tel Aviv y Jerusalén fue realizado por misioneros de “Judíos para Jesús” de habla rusa, que habíamos enviado a servir en Israel desde la antigua Unión Soviética. Este es un gozo especial para mí. Impulsar el trabajo misionero en Alemania o en Hungría fue emocionante. Sencillamente estoy agradecido que el Señor nos ha permitido una y otra vez a mi esposa y a mí, participar en ese tipo de aventuras nuevas y cautivadoras, y poder ganar tierras nuevas.

¿Por qué escribió usted el libro los judíos no necesitan a Jesús… y otros errores?

En el transcurso de los años, me encontré con muchos cristianos que verdaderamente aman el pueblo judío, pero que fueron inducidos a error por la doctrina de que nosotros, por ser elegidos, no necesitaríamos creer en Jesucristo. Y este es un malentendido de lo que Dios quiere decir cuando nos llama elegidos. En el Antiguo Testamento, esto no tiene nada que ver con salvación personal; se trata de nuestro llamado como pueblo a ser una luz evangelística para las naciones. Pero por supuesto que no podemos cumplir esta misión mientras no tengamos la relación correcta con el Señor. Por eso me puse muy triste cuando encontré a estos cristianos honestos con su amor honesto por Israel, que estaban tan engañados. En lugar de orar por la salvación de Israel o de dar testimonio frente a sus amigos judíos, estaban conformes con no hacer nada –y eso en todos los casos es la manera equivocada de proceder.

También deberíamos recordar que, cuando Jesús dijo: “¡Nadie viene al Padre sino por mí!” (Jn 14:6), Él nos hablaba a los judíos. Del mismo modo, el Apóstol Pedro les dijo a una multitud de personas netamente judías –el Sanedrín: “¡Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre [fuera del nombre Yeshua] bajo el cielo, dado a los hombres en que podamos ser salvos!” (Hch 4:12).

También encontré – sobre todo en Europa, los Estados Unidos y Gran Bretaña – cristianos nominales que ni siquiera creen que el pueblo judío necesite a Jesús. Pero, después de todo, muchos de ellos creen que en realidad ninguna persona necesita a Jesús. Mi esperanza y mi oración por ellos es, que conozcan al verdadero Salvador, que lleguen a una fe viva en el Señor y comprendan que toda persona necesita escuchar de Jesús – tanto no-judíos como también judíos.

Más allá del malentendido con respecto a la elección del pueblo judío, ¿qué otras razones tienen personas sinceramente creyentes cuando no evangelizan a la gente judía?

Lo admitan o no, a menudo la verdadera razón es el temor al rechazo – aún cuando saben lo que hay que hacer. Este miedo es temor a los humanos. El temor al rechazo hace que la mayoría de los no-creyentes no consideren el evangelio con un corazón abierto, porque se preocupan de lo pensarán los demás. Temen las consecuencias. Y el miedo al rechazo, el temor a los humanos, es lo que evita en la mayoría de los creyentes que obedezcan al Señor, a pesar de saber lo que Él quiere que hagan. Tenemos miedo de las consecuencias. Y según dónde estemos, las consecuencias pueden ser muy fuertes o muy livianas. Pero siempre hay consecuencias. Por eso no debemos temer la reprimenda de la gente. En el libro de Isaías hay un versículo maravilloso, donde Dios dice a través del profeta: “Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi Ley. No temáis afrenta de hombres ni desmayéis por sus ultrajes” (Is 51:7). Él nos da la orden de no tener temor de la reacción de las personas, de no tener miedo de su rechazo.

Una cosa más: Jesús fue rechazado. En Isaías 53, el Señor es descrito como hombre de dolores, que conocía la tristeza y que era despreciado. Tenemos el privilegio de ser identificados con Él. No deberíamos tener miedo de participar en este rechazo de parte de la gente, tal como Él lo soportó.

¿Cuál es la reacción típica de miembros del pueblo judío, cuando Ud. les habla del evangelio?

Las reacciones pasan por el espectro completo. Nuestro pueblo reacciona a nosotros del mismo modo como lo hizo a los profetas, apóstoles y a Yeshua –Jesucristo mismo. Hay aquellos que quieren escuchar lo que tenemos para decir, y que –aun cuando originalmente no querían escuchar nada– reaccionan con interés y finalmente con la fe que los salva. Y luego hay otros que no quieren escuchar nada de no­sotros, y cuando sí lo escuchan, reaccionan con temor o preocupación. En el libro de Ezequiel, Dios le dice al profeta algo así: “Te envío a este pueblo y, quieran escuchar o no, diles: Así dice el Señor…” (cap. 2). Nuestra responsabilidad como creyentes en Yeshua, seamos judíos o no, es transmitir la verdad en amor y de una manera que la gente pueda comprender. Es nuestra esperanza que nuestro pueblo reaccione positivamente. Pero cómo acepten el mensaje no es nuestra responsabilidad, sino que es algo entre ellos y el Señor. Y puedo decir esto: hay muchos de nosotros, los judíos, que reaccionan con negatividad cuando escuchamos el evangelio por primera vez, pero finalmente igual llegamos a creer.

Es igual como con nosotros los no-judíos.

Sí. Los humanos son humanos.

Amamos toda la Biblia, pero hablando hipotéticamente, si habría un libro en las Sagradas Escrituras que usted debería escoger, ¿cuál sería?

Eso es difícil. Pero posiblemente sería el libro de Isaías, porque reúne en sí todo tipo de literatura bíblica. Contiene profecía, poesía, legislación, apocalíptica…, tiene todo. Este libro dibuja una imagen clara del Mesías, de Sus dos apariciones, de Su primer servicio como el siervo sufriente y de Su segunda venida como el rey que gobierna. A veces pienso que no fue coincidencia que de todos los manuscritos bíblicos descubiertos en las cuevas del Mar Muerto, el único rollo que fue hallado completo fue el libro de Isaías. Pero como dijiste, amo cada parte de la Biblia, y estoy agradecido por cada libro de ella que puedo tener.

¿Qué viene a su mente cuando escucha la promesa del Señor: “Sí, vengo en breve”?

Lo primero que me viene a la mente es: cuando Él venga y yo esté aquí, ¿estará conforme con la manera en que llevo mi vida? En los evangelios Él dice a menudo: “¡Velad!”. En Sus parábolas habla frecuentemente de que debemos concentrarnos en las tareas que Él nos ha encargado. Debemos ser amos de llaves fieles, siervos fieles. Debemos hacer Sus obras, tal como Él hizo las obras del Padre. Cuando yo recién había llegado a la fe, un amigo mío dijo, que como principiante en la fe, pensaba que debía estarse sentado, esperando el arrebatamiento. Le pregunté: “¿Y qué hiciste?”. Él contestó: “Hice ejercicios de arrebatamiento”. Y agregó: “Luego entendí que en lugar de hacer ejercicios de arrebatamiento era mejor que repartiera folletos, y les contara a la gente del Señor.”

¿Qué consejo les da usted a nuestros lectores que aman a Israel y al pueblo judío, y desean participar en su evangelización, pero no saben cómo proceder?

Primero, hagan de la oración por la salvación del pueblo judío un componente fijo de vuestros tiempos de oración. Segundo, oren para que Dios les revele oportunidades en que puedan trasmitir el evangelio a personas judías. Y oren por nosotros, por “Judíos para Jesús” y por otras obras misioneras que predican el evangelio entre el pueblo judío.

Ustedes, los cristianos no-judíos, deberían ver que tienen una gran ventaja cuando ustedes les hablan del evangelio a personas judías. Cuando nosotros le llevamos el evangelio al pueblo judío, existe una cooperación entre judíos mesiánicos como yo, y cristianos no-judíos. Piensen en el camino de una persona judía para llegar a la fe, de principio a fin. ¿Con cuánta frecuencia usará el Señor a una persona como yo? Él me empleará en el comienzo, quizás de A hasta I, para despertar el interés de una persona judía y concientizarle que hay judíos que creen en Jesús. Esta persona se reunirá conmigo y quizás hablará conmigo algunas veces. En principio desea saber dos cosas: qué creo, y por qué creo. A veces también quiere saber porqué soy tan tonto de creer eso. Pero la pregunta de si eso es verdad todavía no le interesa. Luego cae en la cuenta de que es peligroso si él sigue reuniéndose conmigo. Tan solo mi presencia es un desafío para él. Finalmente, debe enfrentarse a la pregunta: ¿es verdad eso? Y si es verdad, ¿cómo debe actuar él como judío? En este punto, él ya no quiere hablar conmigo. Pero todavía está interesado. ¿Y con quién hablará? Con alguien como ustedes. Él hablará con un cristiano no-judío porque este no es una amenaza. No necesita enfrentarse con las consecuencias, pudiendo decirse a sí mismo, que es un diálogo agradable, transcultural, intelectualmente estimulante. Y ustedes pueden seguir hablando con él. Por medio de las palabras de ustedes, él llegará a entender el evangelio y en la vida de ustedes reconocerá que aquello que ustedes creen es verdad. Ahora regresa alguien como yo a su vida, ya que ahora desea ser tranquilizado sabiendo que él no está solo cuando tome esta decisión; que hay otros judíos que creen en Jesús y se ponen de su lado. Así ven, que los cristianos no-judíos tienen una gran ventaja. Las personas judías no se sorprenden cuando los cristianos intentan hablar con ellos de su fe. Ellos suponen que todos los no-judíos son cristianos y hablan de Jesús. Es triste cuando los cristianos se imponen el silencio a sí mismos, ya que para nosotros los judíos nunca es una sorpresa cuando los cristianos comienzan a hablar de Jesús. ¡Partimos de esa base!

Lo que puedo ofrecer a los creyentes que leen esta entrevista: si ustedes quieren consejos prácticos reales de cómo poder alcanzar a sus amigos judíos, busquen el contacto con nosotros. Nos gusta ayudar. Les ofrecemos materiales de ayuda. También estamos muy agradecidos si ustedes oran por nuestra evangelización entre personas judías. Es fácil encontrarnos en línea. Pueden ir a nuestra página web en el idioma que sea. Queremos estar a disposición de nuestros hermanos y hermanas en el Señor y ayudarles a hacerse cargo de la parte que Dios tiene prevista para ellos en la predicación del evangelio entre el pueblo judío.

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