¿Qué ves tú?

Fredi Winkler

Cuando Dios designó a Jeremías como profeta, le preguntó: “¿Qué ves tú, Jeremías?”. Jeremías respondió: “Veo una vara de almendro”. A esto le respondió Dios: “Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra”; o en la versión LBLA: “Yo velo sobre mi palabra para cumplirla” (Jer. 1:11-12).

Aquí hay un juego de palabras con el término “almendro”, en hebreo shaked, que también se puede interpretar como “velar”. Este juego de palabras difícilmente se puede traducir a otros idiomas. A través del mismo, Dios quería mostrar a Jeremías de qué manera Él velaría sobre Su Palabra. No es de menos que en Israel, año por año, el almendro es el primer árbol que florece cuando se despierta la primavera.

Evidentemente, Dios quería mostrarle con esto a Jeremías que Él seguiría siendo fiel aunque Israel fuera infiel, y que Él cumpliría lo que había prometido, así como la naturaleza permanece inmutablemente fiel a sus leyes, renovándose cada año.

Una y otra vez, Dios ha usado imágenes de la naturaleza para ilustrar y hacer comprensibles Sus palabras y Su mensaje para los hombres. El almendro, que florece cada primavera, tenía que recordarle a Jeremías que Dios es fiel y que cumple lo que dice, de la misma manera en que el arco iris les recuerda a los hombres las fieles promesas de Dios.

Así como en Israel el almendro anuncia el comienzo de la primavera, la higuera anuncia el verano. Jesús aplicó la imagen de la higuera que brota por ejemplo en Mateo 24:32-35, para ilustrar las señales de Su regreso para establecer Su Reino en la Tierra.

En la parábola de Lucas 13:6-9, Jesús habla de una higuera plantada en una viña. Muchas veces en la Biblia, Israel es llamado simbólicamente la viña de Dios; de esta manera, Jerusalén sería la higuera plantada en medio de la viña. Jesús relata que durante tres años el dueño de la viña buscó fruto en ella, pero fue en vano. Por eso, dio orden al viñador de cortar el árbol. Este, sin embargo, pidió un año de prórroga para poder abonar el suelo cuidadosamente y darle una última oportunidad al árbol.

De acuerdo con el evangelio de Juan, Jesús participó por tres años seguidos de la fiesta de Pascua en Jerusalén, enfrentándose con el rechazo del liderazgo religioso reiteradas veces. Un año más tarde, en Su cuarta estadía allí, la enemistad de estas personas había crecido de tal manera que decidieron matarlo.

A continuación, Jerusalén (la higuera) fue cortada definitivamente. Sin embargo, este árbol es uno de los que posee la capacidad de brotar de nuevo a partir de su rizoma, aunque haya sido cortado a ras del suelo. Por eso hoy podemos ver que Jerusalén está otra vez edificada como ciudad judía y sus hojas vuelven a brotar, pero aún sin llevar fruto. La Jerusalén que reverdece es una de las muchas señales que anuncian la pronta venida de Jesucristo (el dueño de la viña) para establecer aquí Su Reino, así como lo anunció en la parábola de Lucas 21:29-33.

Vemos la meticulosa exactitud con la cual Dios cumple la Palabra profética, por ejemplo, en los acontecimientos en Lucas 22:35-38. Allí Jesús les ordena enfáticamente a Sus discípulos que compren espadas. Ellos le responden que ya tienen dos, y Jesús dice: “Basta”. ¿A qué apunta con esta curiosa orden?

Jesús mismo lo explica: “Porque os digo que es necesario que en mí se cumpla esto que está escrito: Y con los transgresores fue contado…” (Lc. 22:37 LBLA; comp. Isaías 53:12). A los no romanos les estaba prohibido llevar armas, pero aparentemente dos de los discípulos de Jesús eran “transgresores” de las leyes romanas y llevaban espadas con ellos a escondidas.

Después de la resurrección, cuando Jesús se apareció a los dos discípulos en el camino a Emaús y luego a los demás discípulos en Jerusalén, les explicó: “Era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos” (Lc. 24:44).

De la misma manera en que se tuvo que cumplir cada detalle que había sido escrito sobre Jesús, también todo lo escrito en relación con Su regreso deberá cumplirse hasta el mínimo detalle.

Confiando en Aquel que vela sobre Su Palabra para cumplirla, les saludo con un cordial shalom.

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